Volver al origen por Gabriel Peveroni

la foca banda

Hay discos que se nos vuelven tremendamente adictivos. Los escuchamos una y otra vez. Se acomodan a los estados de ánimo, al paisaje emocional en el que nos encontremos. Ese es uno de los grandes misterios. Uno de esos discos es “Ceres y Venus”, el nuevo cancionero de La Foca. Se me pegó hace un par de meses, desde que lo bajé del Bandcamp y descubrí que tiene algo peligroso, como todos los buenos discos… y tiene que ver con la melancolía y ese eterno asunto de volver al origen.

 Sesión treinta y dos: “Ceres y Venus” (La Foca).

la foca ceres y venus

 - “Ceres y Venus” es una esquina del balneario La Paloma. Ahí es donde se juntaban, todos los veranos, cuatro amigos que decidieron armar un grupo musical al que le pusieron La Foca. El verano del 92. Hace casi veinticinco años.

- Son muchos.

- No es ni mucho ni poco. Pero que le hayan puesto el nombre de esa esquina al último disco se trata, en todo caso, de volver al origen. Es un ejercicio necesario.

- Puede ser. Aunque supongo que es más sensato mirar hacia adelante, evolucionar.

- No tienen por qué ser conceptos contrapuestos. Es más, te diría que son complementarios. Y que muchas veces, para tentar al futuro, para trasponer algún portal no muy claro, la clave suele estar en alguna parte del pasado. Eso sí, estoy de acuerdo en que implica un riesgo grande el ejercicio de mirar hacia atrás, lo que lo vuelve una actividad no muy sensata. Todo se distorsiona un poco y cuando no se tiene muy claro lo que se busca, que es lo que sucede generalmente, los resultados no suelen ser muy buenos.

- Son complicados ustedes…

- No hay mucha diferencia entre ustedes y nosotros.

- Mi origen es…

- Cyber. Inteligencia artificial. Lo sé. Pero fabricada por humanos. Y los humanos también somos fabricados por humanos. No somos entonces muy diferentes. Todo es más o menos natural. No hay demasiada diferencia, excepto para los estúpidos naturistas, que hace tiempo dejaron de entender que la propia vida es una permanente construcción artificial, basada en no tan pequeñas imperfecciones. Pero estamos hablando de música no de Aristóteles. De un disco de La Foca, un disco hecho por humanos…

- ¡El que escuchás casi todos los días desde hace dos meses! Ese y el de El Mató un Policía Motorizado. Me los conozco de memoria. Y los encuentro, desde mi perspectiva, muy interesantes. Se basan en la repetición, en secuencias que apenas se modifican y están siempre en una misma tonalidad.

- El kraut bien entendido, agregaría. La diferencia con los platenses está en que lo de La Foca es un kraut pasado por pedales ochenteros, un pop de guitarras del donosti sound y la voz de Federico González que no sube nunca, que siempre se coloca en un lugar de letanía, lejos del rock.

- Y es de pocas palabras.

- Sí, es de pocas palabras. De pequeñas frases que se repiten.

- Y preguntas…

 “¿Dónde vas a terminar?/ ¿Dónde apretaste el acelerador?”

 “¿Por qué mueven las cosas/ si estamos perdidos?”

 - Son buenas preguntas. Es un buen recurso.

- Y también hay respuestas…

 “Elegiste el miedo a morir/ y no a olvidar./ Ser otra persona/ sin saberlo jamás”.

 - Y es ahí, cuando Federico canta “sin saberlo jamás”, en la tercera canción de “Ceres y Venus”, que aparece la clave, porque es el primer momento en que sube la tensión, en que algo cambia. Como que te mantienen ahí, hasta que aparece esa guitarra que se escapa, hacia arriba, a un arriba de hipnosis y que inquieta.

- Hay otro arriba, como decís, en la canción siguiente, en “Castillos”…

- Sí. Es otro gran momento. Y después vienen otros, y cuando escuchás con atención vas entendiendo todo. Y lo ponés de vuelta para ir encontrando nuevos paisajes. No parás. Es lo que pasa con estos discos que se vuelven adictivos. Empezás a encontrar los pequeños pliegues, los cortes, los detalles. En la canción “Castillos”, por ejemplo, hay un detalle divertido, porque es como que entrara Fernando Cabrera.

- ¿Fernando Cabrera?

- Sí, cuando Fede canta “Yo quise perder el corazón, pero la negra niebla todo lo trae”, el tono se pone cabreriano. Vendría a ser algo así como un cure cabreriano, con un toque rítmico similar a los momentos más oscuros del disco Dynamo de Soda Stéreo, uno de esos discos que habría que revisar de vez en cuando.

- Decís oscuro y a mí sin embargo me parece un disco luminoso…

- Tenés razón. Es que lo de la “oscuridad”, que viene en parte de malentender el postpunk, se ha transformado en un lugar común. Y las guitarras de La Foca, si bien son densas, y repetitivas, tienen en este disco mucha vitalidad. Sobre todo a partir de la cuarta o quinta canción. El momento de “como si fueran días/ como si fueran mías”, es otro punto de inflexión, como que las guitarras te descubren un momento de plenitud, diría de felicidad, aunque en un terreno de melancolía, y están muy bien acompañadas por el bajo y la bata. Es raro explicarlo, pero es ese lugar exacto donde las canciones te agarran y no te sueltan. Es lo que pasa con La Foca en este disco, el mejor disco que hayan hecho. Porque primero plantean el tema abajo, arrancan bien abajo, hasta que, sin que te des cuenta, el bajo y la batería proponen un territorio bien cómodo, más arriba, como si fuera una meseta donde las guitarras se divierten y dan hasta ganas de bailar. Y eso es luminoso. Muy luminoso. Estoy de acuerdo.

 “Sentimos que todo el tiempo/ se pasa en este día/ contando segundos de espera/ creyendo tapar la salida”.

 - ¿De qué dirías que hablan las canciones de La Foca?

- No sé. No las recibo en un plan consciente, sino como fragmentos, palabras sueltas que se repiten, como todo muy atado a lo que sucede con el sonido, con la melodía. Eso es bien kraut. Pero al leerlas se nota un asunto con el tiempo, con el paso del tiempo. Siempre está presente eso.

- Volver al origen, como dijiste hace un rato.

- Sí. Eso está más que claro en el título del disco, en el sonido que eligieron, en las decisiones que tomaron, en seguir tocando juntos como hace veinticinco años. En hacer, casi sin proponérselo, el mejor disco de La Foca, cosa que ya dije y que quiero que quede bien clara.

- ¿Qué fue lo que les pasó?

- Muchas cosas. Tengo una teoría, pero debe ser errada, como todas las teorías.

- Dale.

- Mirá, el tema es que La Foca es una banda perdedora. Por naturaleza. Por decisión propia. Por ser anti-carisma. Es una banda que se hubiera integrado muy bien en el indie-pop universitario español, compartiendo escena con La Buena Vida y Los Planetas, tocando en pubs de Bilbao y San Sebastián. Lo cual es imposible. Porque son de acá, de Montevideo. Y en el Río de la Plata, mala pata para ellos, el margen de acción se les volvió muy pequeño. Acá, lo que ellos intentaban hacer, hasta hace unos cinco años, era de putos.

- ¡Ey! ¡Cuidado con lo que decís!

- Mirá, las cosas por su nombre. Putos. Es lo que nos escribían, en los mensajes que recibíamos con Insúa en Radiofutura, cuando empezamos con Sábado Pop, hace unos diez años, y pasábamos canciones de La Buena Vida o La Costa Brava o Beldivioleta… Porque todo lo que fuera pop guitarrero, o electropop, era sospechoso para los oídos rockeros. Lamentable, pero es así. O voy más atrás: cuando con Maxi, en Planeta Pop, en la X, pasábamos “Río Paraná” de Suárez o “Morrissey” de Leo García, no la teníamos nada fácil. Una vez, harto de que se burlaran otros compañeros de la radio, aseguré algo temerario: que “Morrissey” iba a ser un himno y que Dani Umpi, que recién empezaba y apenas había hecho el disco de versiones de Jaime Roos en inglés, iba a ser un artista de los grandes. A veces, cuando te hacen calentar, salen las mejores verdades… Y bueno, será increíble, pero los de La Foca recién hicieron conexión fuerte, con un grupo uruguayo, cuando apareció Julen y La Gente Sola, que tienen veinte años menos que ellos. Hablan el mismo idioma, ¿se entiende? Fue demasiada soledad, arriba y abajo de los escenarios, durante veinte años y pico. Y, por otro lado, está el tema de “volver al origen”, que se plantea en la historia que vive La Foca en el terreno de la docu-ficción, del cine.

- ¿Qué tiene que ver La Foca con el cine?

- Mucho, aunque acá no se sepa demasiado de algunas cosas buenas que les han pasado. Desde hace algunos años, por ejemplo, el director argentino Ezequiel Acuña es fan de La Foca. Empezó metiendo canciones de ellos en algunas de sus pelis y terminó armando una con canciones del disco La vida de alguien. De hecho, la película se llama así y la banda sonora ha sido nominada para varios premios internacionales. (Se puede visionar el video de la canción “Nosotros los que no”, en Youtube, con imágenes de Fede González en México DF). ¿De qué trata la película? De una banda indie que resuelve ciertos temas del pasado. Es y no es La Foca. Así quedó todo pronto para ese “volver al origen” que implicó, además, que decidieran grabar el nuevo disco sin la ayuda de Juan Stewart, el productor artístico de siempre, el viejo camarada porteño. Eso los dejó a la intemperie, pero el miedo de que sin ayuda les quedara un disco de dark soviético, por decirlo de alguna manera, se terminó en estas nuevas relaciones con músicos montevideanos de ahora… Así fue que conocieron a El Niño Que Toca Fuerte, y los cuatro veteranos -Federico y Gustavo en guitarras, Diego en bajo y Ruben en batería-, se mandaron con su ayuda este muy buen disco, el más luminoso, el más adictivo que hayan hecho.

- ¿Y vos?

- ¿Yo, qué?

- ¿Por qué te pegó tanto esa idea de “volver al origen”?

- Y… es una banda de mi generación. Me alegra mucho que haya veteranos que sigan siendo vitales, que logren conectar con su pasado y con el futuro. No es fácil en la música. Casi todos terminan fuera de combate, extraviados en el tiempo.

- Te pregunté por vos, no por ellos. ¿Qué irías a buscar a tu verano del 92? Estuve leyendo algunas cosas que estás escribiendo…

- Puff. No me gusta que me espíes. Pero sí, hay algo de eso, del origen. Y bueno, no puedo negar que la historia de conocer a Ana Blankleider, de hacer con ella y otros amigos la obra de teatro “Cervezas y navajas”, en el Junta, fue algo que me marcó a fuego, y que por más que el tiempo nos lleve a vivir otras cosas, siempre emerge lo que se vivió ahí, como un punto de partida. Y bueno, estoy escribiendo de ella.

- ¿Con música de La Foca?

- Ja ja. No. La banda sonora de Ana en todo caso serían Los Gallos Humanos.

- Esa es una buena historia… Me gustaría que la contaras algún día.

- La que tengo ganas de contar, además de esa, es la de “Ipse Dixit”, el primer casete que publicó Exilio Psíquico, que alguien debería publicarlo en vinilo. Es otro disco imprescindible. Genial. Y te digo más: había unos pibes, de Estampita Records, que querían versionar canciones de ese disco. Las fichas caen tarde, pero caen. O vuelven a caer. Y bueno, Federico tiene la suerte de tener nuevos amigos y que sus viejos amigos estén en pie, al firme…

“Vuelven sueños que ya no tenía/ Vuelven vidas en las que ya no creía”

la foca inicios

Foto 1) El presente: Ruben Larrosa (batería), Federico González (guitarra y voz), Diego Lorenzo (bajo), Gustavo Compagnone (guitarra). Tomada en La Experimental de Malvín. Faltan en la foto Ignacio González (guitarrista fundador, volvió de España en el 2015 y grabó en una canción de Ceres y Venus, y también Ismael González (tecladista, que empezó camino solista y grabó en varias canciones del último disco).

Foto 2) El origen: Ignacio González, Gustavo Compagnone, Federico González, Ismael González, Diego Lorenzo y la mamá de los hermanos González. Tomada en un campo entre Rocha y La Paloma. De esa sesión de fotos se eligió la ilustración de portada del discoLa vida de alguien.

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