La línea del hardcore: Invasores y Halo por Gabriel Peveroni

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De un disco se pueden contar muchas historias, eso está más que claro, pero nunca imaginé que la publicación en vinilo de una pieza secreta del hardcore montevideano, el único material grabado por los Halo (“Armonía para resistir”), me llevara a redescubrir las raíces del género en Uruguay, en Los Invasores, aunque ese mérito de proto-pioneros sea más o menos compartido con la corta y explosiva épica de Guerrilla Urbana, la banda adolescente de Tüssi, allá por el año mil novecientos ochenta y siete.

La prehistoria del hardcore en Uruguay es una suma de ruido, distorsión y poca suerte, de discos que no fueron, que no llegaron a editarse, lo que implica que hayan sobrevivido o sobrevivan en casetes atesorados durante años. Porque Invasores y Guerrilla, eso también está más que claro, nunca llegaron a publicar sus balbuceos hardcore, del mismo modo que nunca llegaron al disco los primeros demos punk de Los Estómagos ni las canciones prohibidas de Los Traidores. Entonces, para hablar estrictamente de pioneros hardcore hay que ir a los años noventa, o bien a los primeros dos mil. Pero esas son otras historias, que también hay que contar y que tienen en Halo a uno de sus buenos exponentes. “Armonía para resistir” es un disco a mil revoluciones, catártico, explosivo como debe ser. En las guitarras aparece Leíto, un especialista del género, antes de sus incursiones en Setiembre Once y Pirexia.

Elijo, para continuar este relato, la madrugada que Los Invasores se vinieron de Suárez a Montevideo para volver a subirse a un escenario, por una sola fecha en junio de este año 2016, en Bluzz Live, y así tocar uno tras otro los temas del disco que no fue y que decidieron grabar después de treinta años. Dando vueltas, abajo y también arriba del escenario, estaba Leo Peirano, uno de los integrantes fundadores de Halo y cabeza del sello de hardcore Catalina Records y figura de la escena hardcore de Lezica. Él tiene mucho que ver en esta historia de recuperación de tesoros musicales y de la recuperación de una posible línea del hardcore uruguayo. Él es, y lejos está de ocultarlo, uno de los más fervientes seguidores de la banda de Suárez.

Todo empieza en el año 1990, cuando alguien le pasa a Peirano un casete con el show de Invasores en el ciclo Cabaret Voltaire. Lo regrabó en un Fuji y lo escuchó mil veces. Esas canciones, entre otras, marcaron su adolescencia y no entendía por qué Los Invasores, siendo tan buenos y poderosos, apenas habían publicado dos canciones en la ensalada Rock 3, de Orfeo. Sonaban, en esa cinta, y era lo que más le gustaba a Peirano, acelerados y con aire de primitivo hardcore. Muchos años más tarde se enteraría que habían llegado a grabar un demo, por intermedio de sus amigos pandenses de Los Estómagos, en 1987, pero que el proyecto de disco fue rechazado por Alfonso Carbone.

Ese demo es la otra línea de la leyenda. Lo guardó el bajista de Los Invasores, luego lo pasó a cd, y en el año 2007 los sellos Lengua Armada (Estados Unidos) e Inocencia  Discos (Uruguay) rescatan cuatro de esas canciones y coeditan un vinilo de 7”.  “El ejecutivo”, “Voy a romper el cerco”, “Lo nuestro” y “Te estoy penetrando” son las canciones que aparecen en esta edición limitada y de colección.

Uno de esos vinilos casi secretos, en vinilo rojo, está en la colección personal de Leo Peirano. Y hasta él llegan, en 2013, los propios Invasores, porque andaban con ganas de regrabar el demo y sabían de sus actividades con el sello independiente Catalina Records. No tenían idea que iban a encontrarse con un fan y que terminarían intercambiando figuritas: Leo no tenía las canciones restantes del demo y Los Invasores se encontraron con una grabación de la que no tenían idea de su existencia, la del recital del ciclo Cabaret Voltaire en Teatro del Anglo.

A partir de ahí, las líneas se juntan, todo se acelera y salen otras dos ediciones de colección de Invasores: una versión en casete del demo 1987 en Francia, a través de Crapoulet Records, y un Lathe Cut 8”, a través del sello estadounidense Roots Surge para el que Peirano tuvo el honor de elegir las canciones. Y finalmente vendrían dos sueños que se cumplieron este año 2016 y que tienen a Los Invasores y a Leo Peirano como protagonistas. La edición del esperado primer disco de la banda de Suárez (ellos preferían regrabar el demo, manteniendo sí los arreglos originales de las canciones), y la reedición en vinilo de otro disco de culto, más reciente pero no menos importante en la historia del hardcore uruguayo: “Armonía para resistir”, de Halo, una de las más crudas y potentes bandas de Lezica, el barrio montevideano de mayor tradición hardcore, en el que Leo Peirano formó Halo, junto con Fede, Leíto y su hermana Natto.

HALO Y LA MEMORIA HARDCORE-PUNK

¿Qué importancia tiene reconstruir esa línea de punk rock y hardcore que va de Estómagos en Pando, y Los Invasores en Suárez, a las bandas de los 90 y luego a tu historia con Halo en la escena hardcore?

Leo Peirano: Yo tengo 40 años. Esta edad me ha permitido ver y escuchar mucha de la música que se ha hecho acá, más allá de estilos. Llegué a escuchar los coletazos de toda esa increíble camada de los ochenta y lo que vino después, en la década siguiente, pude vivirlo. Los Estómagos, Los Traidores, Los Invasores, Zero, Guerrilla Urbana, Neoh-23 y toda esa camada increíble de bandas, me cambiaron la vida e hicieron que quisiera hacer música, coleccionar discos, ir a recitales. La historia, si bien no es algo lineal, tiene transferencias a veces implícitas, a veces no visibles, pero que vistas a la distancia dejan ver su cercanía. Luego de esa camada de bandas posdictadura, en los noventa hubo toda una camada de bandas punks -La Sangre de Veronika, Diskordia, La Vergüenza de la Familia, KLP- que radicalizan el mensaje político-musical y que si bien no son antecedentes de lo que luego fue el hardcore acá, sí dejaron cosas que luego fueron retomadas por las bandas de hardcore, como todo lo que tiene que ver con ediciones propias, fanzines, recitales autogestionados. Gente como yo abrevo de esas cosas y de cosas que se hacían en el extranjero, para trabajar dentro de esa naciente escena de bandas hardcore. Así que podría hacerse grosso modo una línea tiempo espacio entre esas tres épocas distintas, con sus particularidades, obviamente.

¿Qué es para vos el hardcore, más allá de lo estrictamente musical?

L.P.: Si el punk como expresión musical y visual fue un impacto directo contra el anquilosamiento socio-cultural, el hardcore es elaboración conceptual sobre nuevas bases, no solo musicales, sino también de valores e ideas. Todo el negativismo que hace gala el punk, en el hardcore implica sumarle una base crítica, la propuesta de valores positivos para el relacionamiento y el prestar atención a cosas como el machismo, el antifascismo, el veganismo y otra cantidad de ideas que apenas se vislumbran en el punk. Obviamente que para esa elaboración cuenta el paso del tiempo y la evolución de la subcultura como tal. La premisa pasaría a ser que para cambiar lo exterior se debe partir del cambio personal.

¿Cómo fue la formación de Halo?

L.P.: Halo nace como la excusa para que tres amigos, en ese momento sin banda, nos juntáramos los fines de semana a tocar. Vivir en el mismo barrio facilitaba las cosas. Pero en un comienzo era solo eso: tocar y pasar la tarde juntos. Tiempo al tiempo, empezamos a armar temas propios, instrumentales y a tener un proyecto de banda.

¿Cuáles eran las referencias musicales que manejaban?

L.P.: Pasaban fundamentalmente por las viejas bandas hardcore americanas, de la vertiente denominada emo, y también de bandas francesas e italianas que unían lo político con un ritmo rápido y con muchas variantes. Quizás el diferencial que tuvimos, si así fue, es que pudimos acceder, por intermedio de amigos, a bandas y discos que en ese momento acá no se escuchaban o no se conocían, y eso hacía que nuestras referencias al momento de encarar el proyecto de banda fuesen distintas a lo que se manejaba en ese tiempo. En esa época, en los primeros años 2000, yo tenía veintisiete años, pero los otros miembros de lo que luego fue Halo rondaban los diecisiete… Por suerte, y a pesar de las diferencia de edades y vivencias, todos compartíamos un gusto no sólo la música, también por la lectura, cosa que hizo que leyéramos muchos libros políticos, o de poesía, y que eso alimentara también lo que fueron nuestras canciones.

Baudelaire, León Felipe, Quiroga, Poe, Idea Vilariño, Onetti, Zañartu, textos libertarios de Peirats sobre la CNT-FAI, de Osvaldo Bayer, Nietzsche, fueron un poco el fondo de nuestra lírica. No en vano, el disco de Halo comienza con una adaptación de un poema de Idea Vilariño.

¿Se definían anarquistas?

L.P.: El acercamiento a las ideas de matriz libertaria jamás implicó una militancia política en el sentido formal de la palabra, pero si una simpatía a esas ideas sin que eso significase una definición anarquista. Eran textos e ideas que estaban implícitas en el ámbito en el que participábamos.

Una de las particularidades de Halo era que cantaba una chica… ¿Cómo se dio la entrada de Natto en la banda?

Natto, además de ser mi hermana, era parte de nuestra barra de amigos. Íbamos juntos a recitales, marchas y también me ayudaba con las ferias de discos y fanzines en los shows. Ella, como todos los demás, participaba de una forma u otra de la escena hardcore. Y como ella siempre estaba cuando ensayábamos los finde, y teníamos claro que ni Leito ni Fede ni yo íbamos a cantar, simplemente le dijimos que probara cantar un cover… más específicamente uno de Los Crudos. Dicho y hecho, empezamos a tocar el tema y ella se largó de una, y sin jamás antes haber cantado. En ese momento fue que los otros tres “vimos” la banda. Ella cantó como si siempre hubiera cantado, con aplomo e intensidad. Esa fue nuestra primera sorpresa. La segunda fue al otro fin de semana, cuando Natto llegó con un cuaderno lleno de letras para usar en la banda. Desde el primer show de la banda, tanto la lírica como la música daban esa intensidad y urgencia que queríamos todos.

¿Cómo definirías la intensidad de Halo?

L.P.: Tanto Natto como Leito eran grandes frontsmans y Fede desde la batería empujaba  la sincopa rápida del grupo. Lo que fue la banda, en el tiempo que duró, es una cosa. El camino que hicieron las canciones es otra cosa. Tuvimos la suerte de que después de doce años de grabado, nuestro único trabajo se reedite en vinilo. No es mérito nuestro, sino de tantos amigos alrededor del mundo que aún conservan el cariño por esas canciones y que durante tantos años las han compartido con otra gente.

Volviendo a los tiempos de Halo… ¿De qué manera se liga la historia de la banda con la escena del norte montevideano, de las primeras bandas hardcore de Lezica?

L.P.: Por esas cosas que tiene el destino, puede decirse con propiedad que los comienzos del hardcore están en Lezica. En el barrio, a principios de los noventa, estaba Detonadores, una banda formada por punks de la primera camada, que eran como el barrio, suburbanos. Ellos fueron quienes me hicieron escuchar a muchas bandas punks españolas y también argentinas y uruguayas. Por el año 1993, más exactamente a fines de ese año, con mi barra de amigos hablamos de hacer una banda. Un par rascaban la guitarra y yo solo tenía ideas… Otro amigo punkie nos contó que a unas seis cuadras de nuestras casas, en la casa a medio terminar de la hermana de un conocido nuestro, estaban ensayando dos bandas del barrio. Hacia ahí fuimos y de la nada les pedimos para que nos dejaran ensayar. Las bandas que ahí ensayaban era Beastlike y La Batidora 77. La primera de ellas esbozaba sonidos que remitían al thrash-core y los segundos eran ramoneros a morir. Nosotros, que solo teníamos nombre, Piltrafas, solo teníamos las ganas y mal tocábamos versiones de Sex Pistols, Los Estómagos y La Polla Records.

De esos ensayos, en una casa a medio construir, salieron Asfixia -la primera banda específicamente hardcore de Uruguay, que vendría a ser la reconfiguración de los Beastlike y La Batidora 77. De ahí salieron los hermanos Souto… Nicolás hoy en Buitres y Héctor ex bajo de Trotsky. Y de nosotros, solo mi hermano y yo seguimos involucrados en la música. Tiempo al tiempo, el barrio tuvo más bandas hardcore, como Fuzzy, Asunto Pendiente, Dont´ Pay Ground y Halo, y también los programas de radio “Mondo bizarro” y “Corazones activos”, que desde radios comunitarias de Lezica difundían el hardcore-punk.

INVASORES Y EL PROTO HARDCORE

 

¿Cómo surgió la posibilidad de volver a grabar las viejas canciones de Invasores, las del demo de 1987?

Ricardo Illa: Con el paso de los años, que no fueron pocos, nos empezamos a plantear el hecho de grabar el disco que nos había quedado pendiente. Así fue que nos reencontramos, en 2013, para un asado, y comentamos la idea. Pero recién al probar, con los instrumentos en la mano, vimos que estaba viva la química musical que supimos tener en los ochenta.

Ismael Vaucher: Todo nace desde el momento en que nos unimos, cuando éramos adolescentes. Y por más que nos distanciamos, en 1989 quedó esa nostalgia de las cosas que hicimos juntos y de cómo la luchamos para formar el grupo. Cuando nos reencontramos, nadie tenía nada planeado. Y cuando uno de los cuatro tiró sobre la mesa la idea de grabar el disco que nunca pudimos grabar, empezaron las sonrisas cómplices y nos dimos cuenta de que la idea tenía mucho futuro. Sentimos que esta vez estaban dadas las condiciones para cumplir con algo que los cuatro sentíamos: tener el disco y tocar ante el público como acto de respeto y de disfrute máximo.

RI: En ese momento tuvimos también la idea de hacer una presentación única en vivo y de cerrar el círculo de toda la historia pendiente.

¿Cómo fue el periplo de esas viejas grabaciones que se fueron convirtiendo en objeto de culto?

RI: En 1987 grabamos dos canciones para Orfeo –”Invasores” y “El ejecutivo”– que se publicaron en el compilado Rock 3, junto a otras bandas. Eso salió gracias a la recomendación de Los Estómagos, con quienes ya nos conocíamos e incluso habíamos tocado juntos en Graffiti. Fue al año siguiente, gracias a ellos, que nos contactamos con Carbone para grabar un disco. Nos pagaron cinco horas de estudio, grabamos diez temas, y como el sello no los aprobó nos quedamos con un casete guardado durante 20 años.

¿O sea que llegaron a grabar un disco que Orfeo no publicó?

IV: Eran demos, no un disco. Un tema detrás del otro, como un recital punk-rock. Le llevamos esas canciones a Carbone, las escuchó, no le gustaron, nos miró sutilmente, como decepcionado por el camino que habíamos comenzado, y nos dijo: “Muchachos, todo bien, pero lamento que no es lo que teníamos en mente. Pensamos que si hubieran seguido el camino del comienzo de temas como “Invasores”, podría caminar la idea del disco, algo más en el estilo B-52’s… ¿Por qué no siguen trabajando por ese lado y nos hablamos más adelante?”. Se ha dicho por ahí, en alguna leyenda perdida, que alguien de nosotros pateó el escritorio… Pudo haber pasado, pero en verdad, esa negativa de Carbone fue otro empujón para fortalecernos y convencernos de que ese nuevo grito de rock que venía de la Europa de finales de los 70 nos caía muy bien.

Y fue 20 años después que surgió el ofrecimiento del sello Lengua Armada para publicar algunas de esas canciones en vinilo.

RI: Exacto. Fue por intermedio de Mauro Correa, de Pirexia, que nos planteó la idea de mandar ese material para hacer un vinilo en Estados Unidos por el sello Lengua Armada. A partir de ahí se generó una repercusión inesperada para nosotros, que fue lo que se fue convirtiendo en leyenda, y surgieron comentarios de todo tipo en distintas partes del mundo.

IV: El sello es de Martín Sorrondeguy, un uruguayo que vive en Chicago y es el líder de la banda Los Crudos. Por algún motivo del destino, el tipo había incursionado en la red en busca de algunas bandas sudamericanas, leyó algo de nuestra historia y luego de escuchar los demos que le acercó Mauro, ofreció sacar un vinilo en edición limitada para distribuirlo en el ambiente del hardcore. No podíamos creerlo. Se editaron cuatro canciones, que llegaron a países tan lejanos como Italia, Grecia y Japón. Después se sumó, el año pasado, la publicación que se hizo por intermedio de Leo Peirano, del sello uruguayo Catalina Records, que consiguió que pudiéramos editar un nuevo vinilo por Roots Surge de Texas… Una vez más, sin palabras.

Los Invasores en Suárez, junto con Guerrilla Urbana en Montevideo, fueron pioneros del hardcore en Uruguay. ¿Cuánta es la importancia de ese linaje que se da, en ustedes, en sintonía con la primera época de Los Estómagos?

RI: Nosotros, cuando empezamos, tuvimos como referentes a Los Estómagos, que habían hecho una actuación en Pando, y nos entusiasmamos para hacer un grupo. Pensamos que los pioneros en empezar en Uruguay con ciertos estilos musicales de la época, como el punk, fueron Los Estómagos, pero no nos encasillamos sólo en eso, porque lo que hacíamos era espontáneo y natural, y sin darnos cuenta incursionamos en varios estilos, entre ellos el hardcore. Para nosotros es un orgullo que nos cataloguen de pioneros; lo que hicimos era lo que sentíamos y lo que nos gustaba. Eso sí, teníamos un estilo marcado en cuanto a la fuerza y velocidad de algunos temas, que sobre todo en vivo nos salía naturalmente, como una descarga de adrenalina que repetíamos en ensayos y plasmábamos en vivo.

¿Por qué creen que se cortó aquella primera época del punk en Uruguay y que tanto las canciones prohibidas de Los Traidores, el primer disco de Los Estómagos que nunca salió, y los demos de ustedes y los de Guerrilla Urbana quedaron todos sin publicarse?

RI: Hubo, por un lado, un tema comercial, ya que a los sellos no les interesaba lo que hacíamos. Nosotros no quisimos cambiar nuestro sentir musical para poder vender discos, sino que el sello nos aceptara tal como éramos; eso nos perjudicó en los 80 y nos beneficia hoy, porque luego, con los años, se empezaron a remover viejas grabaciones y se logró captar la esencia de lo que hicimos nosotros y todos los demás grupos.

IV: Esa etapa punk-rock se cortó por condicionantes naturales. Primero pasó que esos adolescentes que empujaron hacia un mismo punto, por diferentes razones de tiempo y lugar, fueron creciendo y las perspectivas cambiaron. También porque creo que un grito, como expresión, es como toda existencia en el universo: nace y se disfruta, pero no es eterno, porque si no muta al siguiente escalón, por naturaleza se va consumiendo. O sea: “no hay futuro, esto está todo mal” todos los gritan, lo disfrutan y lo vuelven a gritar, pero al tiempo ese grito tiene que buscar una alternativa. Cuando te das cuenta de que ya gritaste y que no hay futuro, tenés que preguntarte qué hacer ahora.

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