Detector punk elige “canciones de la droga” de La Nelson Olveira

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No se trata de una nueva banda, sino de una aplicación que detecta el grado de punk-rock de un artista, de una banda, y es capaz de encontrar al “más punk” de una comunidad musical. Lo probamos en la producción musical 2015, hecha en Uruguay, y seleccionó el disco “Canciones de la droga” de La Nelson Olveira. Eso sí, hubo algunos problemitas con la cumbia cheta.

Sesión veintinueve: “Canciones de la droga” (La Nelson Olveira).

 acto 1: Detector Punk

 - Me gustaría saber cuál es el grupo más punk de Uruguay. No necesariamente en lo relativo al sonido, de seguir una escuela ramonera, o hardcore, o de alguno que sea más inquieto y haya entendido que lo más punk es The Fall. Le perdí de vista a esta posibilidad periódica de querer romperlo todo, de romper el tablero.

- ¿Y si probamos con la aplicación “Detector Punk”?

- ¿Te parece que funcione?

- Debería. La hicieron para eso, para encontrar grupos punk. En lugar de detectar afinidades, que es como funcionan los gustos y opiniones desde que se inventó Google, lo hace en el sentido inverso. Esto implica que la aplicación busque en lo grotesco, en el mal gusto, en el “házlo tu mismo”. Y para hacer una búsqueda más radical, desactivemos lo estrictamente musical. ¿Te parece?

- Grotescos y de mal gusto, y en notorio plan “házlo tu mismo”, también son los grupos de cumbia cheta… Y no me parece que sean exactamente punk.

- Bueno, probemos. No creo que aparezcan, quedate tranquilo.

- No estaría tan seguro. 

 

1. Rombai

2. Márama

3. Mala Tuya

- ¡No puede ser! 

- Las máquinas también se equivocan.

- Tenías razón… Parece existir un agujero conceptual en los algoritmos de la aplicación.

- Yo diría que no alcanza con el mal gusto, ni con el “házlo tu mismo” para medir si algo es punk o no. Debe haber, en “Opciones”, alguna especificación… Lo que hiciste fue un “rastreo simple”. A ver acá, en “rastreo complejo”, mirá esto: dice “generación de discursos contraculturales”. ¿Qué será esto?

- Puede servir. Activá esa función.

- Voy.

1. La Nelson Olveira

2. Rombai

3. Iván & Los Terribles

- No pudimos con Rombai.

- Nunca hubiera pensado que generen discursos contraculturales. Habla bien de ellos.

- ¿Serán punk?

- No te rindas. Hay que seguir ajustando el escaneo.

- Es el momento de ir a lo seguro, de activar “influencias de corrientes musicales punk”.

- Eso es precisamente lo que no quiero hacer. Porque si hacemos eso se va Rombai, pero también se cae de la lista La Nelson Olveira.

- Mmmm. Me parece que estabas haciendo trampa, que querías forzar, a partir del “Detector Punk”, una hipótesis personal y caprichosa, que son las que más te gustan…

- “La ciencia avanza, pero yo no”.

- ¿Y eso?

- Alaska. El estribillo de una canción de su disco “Fan fatal”.

- No me desvíes… Me parce que estás haciendo trampa y que lo que está fallando es que la cumbia cheta resulta ser una evidencia de que es posible ser contracultural en un sentido opuesto al tuyo. Pero no olvides que sigue siendo contracultura. Y más que exitosa: porque si mirás en las redes sociales, hay toneladas de posts escritos por intolerantes que manifiestan su odio contra Rombai, Márama y esos grupos. Sería el sueño de cualquier grupo punk: provocar reacciones adversas… Y estarás de acuerdo que esta gente, la de los grupos de cumbia cheta, lo hacen todo para agradar y no deben entender por qué hay gente que los critica. Y además…

- Olvidemonos de ellos.

- Esperá.

- Espero. Hoy tengo todo el tiempo del mundo.

- Pensaba en lo que hacen estas chicas argentinas, por ejemplo…

- ¿Cuáles?

- Las que cantaban “La isla bonita”, en versión cumbia villera.

- ¡Las Kumbia Queers!

- Ahí tenés un discurso casi gemelo a los productos de la cumbia cheta. Pero un no tan pequeño elemento, el tener conciencia de estar haciendo lo que no se debe, de estar haciendo el ridículo, hace que sean dos creaciones artísticas opuestas. Aunque pueda pasar que terminen ambientando un mismo baile, o que alguien que no sepa interpretar adecuadamente los sienta como que son lo mismo.

- O sea que, desde el punto de vista de analizar sistemas lógicos, la cumbia cheta estaría más cerca del punk que la mayoría de los que se dicen punk.

- Exacto. Igual este dato curioso hay que leerlo como un buen chiste, como una paradoja de la música pop. Y si leés a Greil Marcus…

- ¿Leiste a Marcus?

- Soy una máquina de procesar información. Escucho y leo. Ya lo sabés. A veces me pierdo con material inservible, que es la mayoría. Por eso me sirven muchísimo estas conversaciones y este tipo de aplicaciones.

- Te pregunté si habías leído a Marcus…

- Lo leí. Y me llamó la atención que afirmara que el valor pop de “Anarchy in the UK” de los Pistols y el de “Thriller” de Michael Jackson fueran idénticos. En esencia, el pensamiento de Marcus es el que está presente en el “Detector Punk”. Investigué un poco en esa línea y encontré, en una entrevista que le hicieron al nerd que patentó la aplicación, que uno de sus libros preferidos era “Rastros de carmín”. Todo cierra.

- Ok. Ok. Me estás abrumando.

- Busquemos otra función para mejorar el escaneo. ¿Te gusta ésta? “Autoconciencia de crear anomalías”…

- Dale.

 

1. La Nelson Olveira

2. Iván & Los Terribles

3. La Sangre de Veronika

- ¿Te deja más tranquilo?

- Más bien… Ahora sí, puedo proclamar, que el disco “Canciones de la droga” es el disco más punk de los últimos años en Uruguay.

- Ya lo escuché. No me gusta. Es horrible.

- ¿Algo más?

- Sí, que prefiero hacer otra cosa mientras vos lo escuchás.

- Ok, podrías leer este libro de poesía. Es de Hoski, que viene a ser el principal compositor y cantante de La Nelson Olveira. Bueno, el que firma es Martín Uruguay Martínez. Es una larga historia. Leelo y después hablamos del libro.

- ¿”Poemas de la pija”?

- Sí, y podés hacer -si querés- un ejercicio de literatura comparado con “Nomenclatura y apología del carajo”, de Acuña de Figueroa, y con la respuesta lírica “Nomenclatura y apología de la concha”, de Sarandí Cabrera.

 Acto 2: Canciones de la droga

La primera vez que escuché a La Nelson Olveira me parecieron espantosos. Era el primer disco. “De terodáctilos y flores”. El que tiene en la portada un chiste gráfico, más o menos precario, a propósito de uno de los discos más famosos de La Vela Puerca. Esa actitud me gustó, pero todas las buenas intenciones se desvanecieron con lo que estaba adentro. Las canciones. Una más desagradable que la otra. Desafinadas. Horribles. Hice un juicio apurado: son peores que La Chancha. Me decepcionaron. Esperaba algo más de una banda con un nombre tan ingenioso y la leyenda de un tal Hoski, el cantante, oriundo de Toledo, a quien conocía como escritor de una novela corta, de buen pulso, a la que defendí a capa y espada en un concurso literario, hace algunos años. “Hacia Ítaca”. Una buena patada en el orto, así es la novela, y así esperaba que fueran las canciones de La Nelson Olveira. Pero no me atreví a poner ese disco otra vez en la compactera. Me olvidé de ellos, hasta que apareció el mostacho Raúl Garrido, que me pasó el compilado “Cosas de la civilización”, del sello Estampita, un disco con varios de las bandas más deformes e inquietantes de la movida under montevideana: Los Mostachos, Los Zalvajes, Comunismo Internacional, Amëba, Lusers, O’Neill, Nini Rojas y las primeras grabaciones de un tal Federico como solista y en plan Julen y La Gente Sola. Y una canción de La Nelson Olveira. Pasó lo inesperado. Porque esa canción, aunque no mostraba ninguna mejoría ni cambio sonoro respecto al disco “De terodáctilos y flores”, me encantó. Misterios que tiene esto de la música. “Gondolero” es una canción salvaje y hermosa, de una rara poética, freak, poderosa. No paré de escucharla, y un tiempo después, apareció otra vez Raúl Garrido para pasarme el segundo disco de esa banda, en el cual él mismo participaba como productor artístico. Y le di duro. Lo puse una y otra vez, canción por canción, y todas esas “Canciones de la droga” me encantaron, más preciso sería decir me impactaron, por capacidad libertina, por letras y músicas revulsivas, por manejarse al borde del ridículo y de la vergüenza. Volví a pensar en La Chancha, y también en La Tabaré, y en los primeros The Supersonicos, y en los momentos más asquerosos de El Cuarteto de Nos, y sobre todo de Tavella solista, y creí entender un linaje de provocadores de clase media, medio anarcos, más o menos a disgusto de etiquetas rockeras, cultores del mal gusto, o sea de algo que puede llamarse punk, si nos atenemos a definiciones relativas a la actitud. La definición exacta de lo que provocan las canciones de La Nelson Olveira sería la de escuchar los primeros discos de Siniestro Total, en los tiempos de “Las tetas de mi novia” y de “Opera tu fimosis”: los amos definitivos del mal gusto y el punk en castizo hecho en bares gallegos. Advertí luego un detalle, no menor, en el parentesco de Hoski con La Chancha y tuve que admitir que la banda de Juan Bervejillo tiene -siempre tuvo- la ética de banda proletaria, anti-burguesa, lo que la hace especial para que sea la principal influencia de La Nelson Olveira, con su nada inocente identidad lumpen. Eso es lo que viene construyendo Hoski: un punk rock lumpen, feo, desagradable, pero consciente de haber encontrado una anomalía, una deformidad con mucha sustancia. Impacta, a través de un rock precario y pragmático. Y lo consigue. Hay varias buenas canciones: “¿Dónde está el Cabeza?”, “Raúl Garrido” y “Opah, el Negro”. Bueno, el hecho es que venía disfrutando del disco cuando me llegó el libro de poemas de Hoski, el que está firmado por Martín Uruguay Martínez y tuve que ponerme a pensar cuánto hacía que no me reía con un libro de poesía. Salado. Pensé en Cucurto, otro lumpen conocido, y en el rey Bukowski. También pensé en el Cabeza Escanlar. Y me di cuenta que Hoski la pelea bien arriba. Tiene vena. Y que no le teme a la incorrección política, a llegar a ser un descarado machista, un misógino. Cuando escribe, o cuando canta, va para adelante. Hay algo necesario en lo que está dejando en evidencia: el rock y la literatura tienen las manos manchadas de tanto cuidar las formas y buscar la belleza. Esta es otra belleza. Fea. Como que te salga a marcar Nelson Olveira y te parta en dos.

Acto 3: Conversaciones con Hoski

 - ¿Te gustó el libro?

- Eso no es lo importante.

- ¿Qué es lo importante?

- No tengo ni idea de qué es lo importante, pero me puse a leer los libros que me dijiste y otros que encontré por ahí, y mientras escribías esas boludeces sobre el disco de La Nelson Olveira, me contacté con Hoski, más exactamente con José Luis Techera Gadea, y lo sometí a un interesante interrogatorio, sobre poesía, punk rock y heterónimos.

- Sos genial. Una máquina genial.

- No fue fácil. Se resistió un poco. Pero creo que te va a gustar… Ahí va

 

***

Sistema Operativo: Publicaste una novela y firmás en La Nelson Olveira como Hoski? ¿Quién es Hoski? ¿El descubridor del poeta libertino Martín Uruguay Martínez? ¿Cuál vendría a ser tu verdadero nombre?

Hoski: Mis papás me pusieron José Luis. José Luis Gadea Techera. Hoski es mi nombre artístico, digamos, y el personaje público que he inventado. En mis cuentos y en las canciones esto es más explícito, porque ahí hay autoreferencialidad y me llamo a mí mismo Hoski. Hoski aparece como un personaje; el integrante capo de la banda en “El nombre de la persona”, el escritor que sale del closet en “Valpo”. Siguiendo con la ficción -y conste que me duele esto de decir algo así como “la verdad”-, Hoski es sí el descubridor de Martín Uruguay Martínez, junto al Dr. Francisco “Paco” Hertten, eminente doctor alemán de reputación muy ambigua.

SO: ¿De dónde sos?

H: Nací en Montevideo, pero siempre viví en Canelones: primero en Toledo, luego en la Villa San José, entre Toledo y Sauce. La villa San José es un barrio ubicado en la ruta 6. Es zona urbana. Tiene escuela, carnicería, almacenes. Es un lugar tranquilo. No hay nada. La gente se dedica básicamente a dormir por la noche para pasar el día trabajando en Montevideo. Nosotros jugábamos al fútbol en la canchita de Martín Duarte, íbamos al liceo¡K al liceo de Sauce. Toledo es un pueblo bravo y nuestros padres nos querían encarando. ¿Cuántos años? Quince, dieciséis, menos de dieciocho¡K Mi adolescencia fue una maraña de mierdas. Nuestras adolescencias. Por suerte conocimos el pub Bizarro y la sede del Club El Sauce. No éramos felices, pero estábamos vivos. ¿A qué otra cosa podíamos aspirar? Seis litros de vino por noche, ocho cigarros sueltos. Salía con treinta pesos y podía pasar la noche. No, no se me borra más la impresión del invierno y el vino clarete cortado, las historias que valían el nombre del boliche. Después terminé el liceo. Conocíamos Montevideo de algún toque, pero no éramos más que un montón de canarios. El IPA. El día que me anoté fui con la plata justa. Después hubo laburos, novias, me enamoré de la periferia y de la mugre del Centro. Mi pasaje por la ciudad ha sido el de un fantasma. Sed. Ómnibus de vuelta a la madrugada. Una derrota tras otra y el comienzo de una “carrera” de artista. ¿Dónde he vivido todo este tiempo? No soy de Montevideo, no soy de la villa olvidada. Nada de lo que pase en mi barrio importa y el amor que nos tenemos con las calles capitalinas es el de dos extraños. Soy un pequeño extranjero aunque nadie lo note demasiado.

SO: Solo me resta saber quién es Uruguay Martínez, o más bien de qué manera vas necesitando del heterónimo para escribir y publicar un libro como “Poemas de la pija”?

H: Martín Uruguay Martínez es primero un invento colectivo. Forma parte de toda una serie de ficciones inventadas en joda con Martín Buquet, Demian García y Pablo da Costa Porto, que integran los Lusers y este último forma parte también de La Nelson. Esto fue por el 2012. Entonces, yo estaba un poco en crisis respecto a mi poesía. Había editado “Poemas de Amor”, en 2010, con un aire a Vallejo y Baudelaire, y luego había perdido un poco la brújula. Pasé de tener un estilo barroco, que me permitía ganar concursos literarios, a escribir poemas más directos, más bukowskianos, si se quiere. Pero no estaba del todo seguro. Entonces empecé a jugar con registros orales y frases y personajes que íbamos inventando. Y así empezaron a aparecer los poemas de Martín Uruguay Martínez. El personaje fue primero; cuando empezaron a aparecer los poemas, de una se los atribuí a él, que sí, que vendría a ser un heterónimo. Martín Uruguay Martínez es parte de un proyecto más amplio. Hay otros escritores en la vuelta: Lev Nazgul (su enemigo), Francisco Hertten (su biógrafo), entre otros. Y hay otros títulos, aparte de “Poemas de la pija”, e incluso una generación entera, que es a la que homenajeamos en el disco de La Nelson: la Generación Morón.

SO: Elegís, en tu arte, formas directas: el verso libre y sin vueltas, el punk rock… ¿Por qué esas elecciones?

H: Porque lo que hago, tanto en música como en poesía, parte de la espontaneidad. Si bien hay trabajo posterior, las canciones, por ejemplo, salen de improvisaciones que se graban con un celular o algo. Y en el caso de los poemas, muchos han surgido también de la improvisación, o de otras formas ligadas a la oralidad. Esta me ha resultado la mejor forma de hacer algo que tenga un humor directo que impacte sobre el receptor. Entonces aparecen nuevas formas, que aunque anárquicas o esquizofrénicas, como nuestras canciones, que pasan por diez ritmos en dos minutos; o mis poemas, que tienen cantidad de voces diferentes a la vez, son formas genuinas y funcionales a lo que quiero hacer. Sobre estas formas me gustaría que algún día se centraran las discusiones. Digo, están directamente relacionadas con el contenido. Porque hay una apuesta por esas formas, no racionalizada, ni meditada; y justamente, los que creen que algo bueno es necesariamente algo meditado suelen ser unos frígidos de la vida y el arte; suelen ser, no siempre¡K

SO: Sexo y droga, ¿por qué exponerlos como tema, casi como estética, tanto en el libro como en el disco?

H: No tengo mucha conciencia de eso. Pero creo que naturalmente hago, y muchos de amigos también hacen, una estética con lo extremo. En el libro hay una especia de anarquismo libertino del lenguaje. Por eso se dicen de manera alegre y sin filtro cosas desagradables y que tocan lo extremo. El sexo y las drogas entran en esa categoría. Me puedo poner filósofo francés y hablar de por qué justamente en Occidente pasa eso con las alteraciones de conciencia y con lo sexual. Pero tá, se me cae un huevo. Y supongo que la gente sabe eso. Si no lo saben -teórica o intuitivamente- no tiene mucho sentido andar explicando. Por último, quiero decir algo: si bien lo que hago, hacemos, es transgresor como gesto, no creo que sea lo único que hay que ver. Y creo que el tiempo me dará de alguna manera la razón, sobre todo si me muero este año, que tengo 27. Con lo del gesto me refiero a que lo que hago no solo es leer en bolas o decir malas palabras: hay una búsqueda estética, hay una construcción de un mundo ficcional, hay una técnica de composición que no será técnicamente superior pero que es genuina. La lectura de “Poemas de la pija” se reduce a veces a que uso malas palabras. No soy un comediante pedorro de esos que dicen malas palabras con indirectas a lo Maxi de la Cruz. No entendieron nada.

SO: ¿Qué tan conservadora sentís a la sociedad uruguaya, y dentro de ella a los actores culturales?

H: No sé si eso se puede medir, pero algo de ese conservadurismo se ve en lo que decía antes. Les parezca gracioso o no mi libro, o la banda, son pocos los que consideran eso como una estética genuina, como literatura y no como algo de segunda clase. También acá hay algo cultural universal: ya desde los griegos el “humor” es algo menos prestigioso que lo trágico. Con lo que yo hago es peor, porque trabajo con un material degradado: los temas, las palabras que uso son cosas degradadas. Lo que hago es el trabajo de la prostituta: vienen y cogen con lo que hago, les gusta, me putean, lo que sea; lo seguro es que difícilmente se casen conmigo. Eso es ser conservador. Desde que hago la poesía de Martínez, no he ganado un solo concurso, me invitan mucho menos a eventos, e incluso cuando gusta lo que hago, entrevistadores y agentes culturales prefieren no meterse con mi obra. De todos modos, no me voy a poner en plan quejón uruguayo: también he ganado muchos lectores fieles, y se han dado encuentros muy interesantes. Como te decía, el libro se vende bien, mucho más pensando que es de poesía, y está generando interés crítico, sobre todo en gente de mi generación. En cualquier caso, pago el precio que quiero pagar y el saldo lo siento como positivo.

SO: Los versos de Martín Uruguay Martínez pueden leerse como una crítica a la masculinidad, pero también pueden leerse como una defensa del hombre en tiempos de hegemonía feminista… ¿Cuál es tu lectura?

H: Martín Uruguay Martínez es, en el fondo, y sin sarcasmo, un hombre centrado. Lo que propone como utopía es un mundo donde además de la igualdad se de la posibilidad de reírse. En ese sentido, está contra un feminismo dogmático, contra un estalinismo feminista. Y si bien la diferencia capaz que es sutil, no se trata de reírse de las cosas solo porque está prohibido reírse de ellas; se trata de una trascendencia casi infantil, un amoralismo que se ríe sin pedir permiso. Martín Uruguay Martínez no es el perverso; perversos son los que lo persiguen.

 Final: “Gondolero” y otras canciones valizeras

“Gondolero, perro bueno/ ¿qué vas a hacer cuándo me vaya de Valizas?/ ¿Vas a escribir tu corazón hecho trizas, en un cartón de esos de tripa que dejamos? // Gondolero, perro del cielo/ ¿con quién vas a compartir ya tus huesos/ y aquella bolsa que tomamos en la plaza?/ ¿Qué es lo que pasa, qué es lo que pasa? // Gondolero, me voy y ya no regreso, el tiempo nos borrará./ Gondolero, me llevo todos tus huesos y olidas en el culo que jamás, volveré a sentir. // Te extraño, Gondolero/ pero tengo que esperar, si yo me precipito, todo puede acabar. // Gondolero, perro bueno:/ ¿qué va a ser de tu corazón de perro, Gondolero?/ Gondolero, el mar se secará de nuevo y vendrá Noe y nos llevará de la mano/ una pareja de perro y humano, para crear la raza superior de perro-hombre…”

 - ¿Te gustó?

- Me encantó. Es fuerte.

- Es de las canciones que te ponen la piel de gallina.

- Pero las otras…

- Están igual de buenas, o de horribles, que para el caso de La Nelson Olveira viene a ser casi lo mismo. Aunque no sean dramáticas, y se le vaya la moto, hay varias que son buenísimas. Creéme.

- Pará, tengo algo más que te va a interesar… Le pregunté por algunas de las canciones.

Hoski: “Gondolero” salió en Valizas, año 2013. Un supermercado. Tres amigos. Un perro. Un perro de la calle, muy capo y amoroso. Le ponen nombre. Uno de los amigos siente que debe abrazar al perro. Se quieren. Cambio de punta de vista: otro de los amigos viene sobrio y con su novia. Ve al grupo de los tres y sobre todo al que está tirado con el perro. “Mirá”, le dice a la novia, “mirá, fulano: ya está totalmente drogado”. Luego volvimos y Demian grabó la improvisación respectiva con la Ceibalita. Si no fuera por Demian y por Franko Cravero, no existiría prácticamente ninguno de los temas del disco… Otra canción salió en Valizas, año 2012. Mucho porro, diez de la mañana. Demian prende el mp3. Hago dos temas. Uno de nosotros habla desde la cama. “Estoy drogadazzo” dice. “Si llama mi madre, le dicen que toy dormido. “Y si llama fulana, le dicen que toy drogado”. Ahí sale el estribillo de “Opah, el Negro ta remal”.

“El Negro tá pasado, le está pegando el bucho y le hace mal/ Está reloco de la cabeza y no puede escapar de esta realidad, de esta realidad,/ que lo envenena y le hace mal/ y cuando fuma se pone a pensar, que tiene que ir a trabajar a la fábrica/ ¡y se pone triste! // Opah, el Negro ta remal./ Opah, el Negro dame más./ A los amigos cuando se ponen mal, hay que molestarlos hasta que empiecen a putear,/ hay que golpearlos y tirarlos en la arena/ hay que bailar todos juntos esta plena.// ¡El Negro está remal!,/ Hay que tirarlo a la mar…/ ¡Hay que llevarlo a Remar!”

- ¡Larga vida al punk rock!

- …

- ¡Larga vida a los chanchos en general!

- …

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