Cuál es el mejor disco de Buitres? “Rantifusa” por Gabriel Peveroni

buitres rantifusa

Los Buitres cumplen veinticinco años de rock. Sin parar. Sus canciones atraviesan varias generaciones: desde los veteranos de los ochenta hasta adolescentes que encuentran en ellos a la mejor escuela rockera uruguaya. ¿Cuál es el mejor disco de la banda de Costa Azul? Me puse a escucharlos, uno por uno, y me quedo con “Rantifusa”… y no precisamente porque tenga el “Cadillac solitario” de Loquillo.

Sesión cinco: “Rantifusa” (Buitres)

// Ahora puedo intentarlo. Sacar algunas cosas para afuera. Necesito hacerlo. Pasaron muchas cosas en estos últimos veinticinco años. Pero, al fin y al cabo, parece que fue ayer cuando bromeábamos -porque era cosa seria y la única opción era el humor, incluso el sarcasmo- que Los Estómagos se habían terminado y nada debería sucederlos. Alguien dijo, no sé si fui yo o quién, aunque seguro que era entonces muy pendejo para acertar con tanta precisión, que la nueva banda duraría mucho tiempo, que sería eterna como el Hot Club… el Rock Club, ja, vaya idea de mierda, algo así como un antro decadente, con los tipos tocando las viejas canciones y un público de veteranos anclados en una foto de los ochenta. Y como éramos jóvenes, esa sensación, la de la eternidad, se nos hacía enemiga del cambio, de la provocación, de lo que creíamos rock. Buitres era, de algún modo, una traición.

- Ey, ey, te pusiste a escribir sin avisarme. Eso no está bien.

// Nunca se nos ocurrió pensar que el rock podía atravesar generaciones. Ahí estaba el error.

- ¿Me estás escuchando? ¿O querés que desaparezca? Tenía ganas de compartir contigo los nuevos discos de Eels y Black Keys. O el de Nacho Vegas, que dicen que está más luminoso que de costumbre.
- No sé. Me corté solo porque esto de los veinticinco años de Buitres me pegó fuerte y pensé que no te iba a interesar.
- Claro que me interesa.
- ¿Algún asunto antropológico?
- No te burles, pero todo eso del rock de estadios siempre me llamó la atención. Lo chabón, las banderas, el punk rock para las masas… Pero antes necesito sacarme una duda: ¿te pegó bien o mal?
- No sé. Por eso me vinieron ganas de escribir. Si te parece, voy sacando todo para afuera y vos me interrumpís cuando te parezca necesario.
- ¿Soy tu nueva terapeuta?
- Sé lo que quieras ser.
- …
- Dale, yo sigo escribiendo y vos elegís quién querés ser.
- …

// El rock había muerto, o mejor dicho se debía ir hasta el fondo para encontrarlo. Los hermanos menores de los ochenta fuimos directo a explorar otros abismos. El ruido. El descontrol. El pogo, ahí, en una vieja casona de paredes descascaradas, todo mal, alcohol-alcohol, la noche como escenario porque se había ahogado la estúpida primavera democrática en el voto amarillo. Lo habían dicho ellos mismos, Los Estómagos, aquello de “el sueño terminó”. Había que encontrar el lado salvaje. Ahí fue el divorcio. Ahí fue que preferimos inmolarnos en la bola de ruido de Chicos Eléctricos antes que adherirnos al viaje que iniciaban Parodi, Peluffo, Rambao y Lasso. Repito: Buitres era, de algún modo, una traición.

- Es muy grave esa acusación.
- Era lo que sentíamos. Como que ellos preferían hacer un rock frívolo, todo ese viaje a los cincuenta… “Una noche con vos/ es todo lo que quiero de ti”.
- A mí me parece bastante idiota lo que estás diciendo.
- Bueno, es una manera de verlo. Siempre creí que el público también tiene derecho a jugar su carta, a expresarse, a exigir.
- …
- Necesitábamos ahí adelante a un Iggy Pop, no a un Elvis romanticón.
- …
- Por algo Andy Adler se sumó a los Eléctricos. ¿Escuchaste alguna vez el primer casete que publicaron? Es el primer disco realmente punk hecho en Uruguay. Es MC5 pasado por los Pistols y el white trash del Molino de Pérez. Lo que habían hecho antes Los Estómagos y Los Traidores estaba más que bueno, pero la verdadera desesperación, el no-futuro emocional, lo alcanzaron los Eléctricos, en esas grabaciones y en la escena demenciada de Nico Barcia.
- ¿Sabés qué?
- …
- No niego los valores que tuvo esa generación, la que llamás de los “hermanos menores”. De hecho, de allí vienen Buenos Muchachos y La Hermana Menor, dos bandas que me encantan. Pero me parece que si el gran pecado que cometieron los Buitres fue hacer lo que quisieron, lo tuyo y de tus amigos se parece al fascismo. Se comportaron como intolerantes. Pero me estás hablando de un casetito que no escuchó nadie…
- Pará, bajemos el tono. Comparto que fuimos intolerantes, pero sabés bien que la popularidad y la permanencia no son valores de nada.
- Lo se, pero dejame terminar. Está bien, te llevo eso de que el casetito debe estar muy bueno. Pasalo a digital y lo escuchamos… ¡el eslabón perdido del rock eléctrico de Juntacadáveres!
- No te burles.
- No me burlo… pero sería bueno que reescucharas los primeros tres discos de Buitres, esos que dividieron las aguas, esos que fueron contra la corriente. Estuve escuchándolos atentamente y más allá de ciertos altibajos o titubeos, no te alcanzan los dedos de las manos y de los pies para contar las canciones que te sabés de memoria y que se convirtieron en clásicos. ¿Cómo se llama eso?
- Se llama error de apreciación… Lo más grave fue el error de apreciación, la ingratitud, la necedad de gran parte del público que seguíamos a Los Estómagos. Lo reconozco. Y reconozco también que somos muchos los que no nos atrevemos -veinte años después- a dejarnos llevar por esas canciones.
- Seguí escribiendo, que nos desviamos un poco. Eso de la traición…

// Hubo otros hermanos menores, los que empezaron a ir a recitales pero no sabían que el Junta quedaba en Paullier casi Rivera. La nueva generación. Ellos fueron los primeros que cambiaron el público de rock: los punks de mochila que seguían a La Tabaré, al Cuarteto de Nos, ¡a Los Buitres! Y vinieron las hermanas menores, las chicas, que también empezaron a salir y ob-via-men-te estaban todas enamoradas de nuestro Elvis. Ese público empezó a exigirles la parte más…

- Me parece que te estás yendo al carajo.
- Dejame seguir, que no quiero perder el hilo. Quiero contar por qué tantas cosas nos alejaron de Buitres.
- OK.

// Ese nuevo público quería punk básico. No tenían ni idea del pospunk ni de la Velvet, ni mucho menos de los Fall ni de los Pixies, nada, solo querían pogos grandes. Y a los ochenteros -que ya éramos viejos, a veces pienso que nacimos viejos pero en verdad me equivoco, porque fuimos jóvenes cuando detestábamos a los jipis- todo eso nos parecía “de postal”. Ya te dije, estábamos en el plan “auténtico reviente”. Es así que Buitres, en ese primer periodo, que va del primer disco hasta “Deliciosas criaturas perfumadas”, son una banda bipolar: baladas rock (a veces aceleradas, tipo “Condenado el corazón” y “Ojos rojos”) y punk básico, ese punk que va derivando en esa vertiente insípida que abrieron los Green Day, como si fuera posible hacer punk sin alma y que propició esa identidad rioplatense ramonera (“el único lugar del mundo donde se adora a Los Ramones y a los Stones, bandas acabadas”, frase patentada por un amigo -ya en los primeros 90- que no deja que mencione su firma). No les iba muy bien. Tampoco mal. Tenían un público que los seguía. Y los que los escuchábamos a escondidas, con algo de culpa. Al rock, lo buscábamos en los antros. Y la oscuridad sobrevivía en las performances siniestras de Gallos Humanos y en las primeras canciones de La Trampa y La Mala Sangre, hermandad tango-dark pos ADN y pos Traidores (porque en esos años estaban oficialmente disueltos y Juan Casanova se había ido a Bahía).

- ¿En qué año estamos, a todo esto?
- Mediados de los noventa. ¿Te habías perdido?
- No, quería aprovechar para decir que en esos años estaban pasando otras cosas… muchas otras cosas más interesantes y coloridas que ese debate de pueblo chico.

// Cosas que pasaban en los noventa: El grunge le había dado el último oxígeno al rock. Leíamos a Fuguet (“Mala onda”) y a Easton Ellis (“American Psycho”). Manu Chao y los Tacuba incendiaban el continente con adenalina pos Clash. La MTV. Los Chili Peppers. Los Beastie Boys. El trip hop. La electrónica. Las pelis de Tarantino (“Pulp Fiction” y “Reservoir dogs”). El dólar barato, acá en el sur, todos comprando discos, cedés y ya no estaba Juntacadáveres porque, como pasa ahora, se podía ir a Europa y volver, a Nueva York y volver, de paseo digamos, ya lo dije, el dólar barato, discos importados… Buitres pasó ahí los peores años. El poco público que escuchaba rock uruguayo seguía a Peyote Asesino y a esas bandas nuevas y de agite llamadas Abuela Coca y La Vela. Era difícil hacer pie: hagan esa misma pregunta al Cuarteto de Nos y a La Tabaré. La banda nueva y contemporánea era Peyote, tal como Los Estómagos una década atrás. Pero igual siguieron. Y la pelearon. Y tendrían su recompensa, un poco antes del dos mil…

- Y me vas a decir entonces los dejaron subir al carro del rock popular, el rock de la crisis…
- Sería injusto hacer esa lectura. Esa mirada no la llevo.
- Creí que…

// La máquina buitre empezó a rodar cuando llenaron el Teatro de Verano en el festejo de los diez años. Ahí sumaron públicos. Tres generaciones: algunos viejos ochenteros, los que se habían sacado la mochila pero seguían ahí y otros recién llegados, que se contagiaban de “Ojos rojos” y algunas canciones que empezaron a sentirse como himnos, lo que bien llamás “rock de estadio”, repitiendo el esquema chabón porteño pre Cromagnon. Pero cuando empezaron los Pilsen Rock y toda la euforia pos crisis 2002, los Buitres ya eran populares. No necesitaron de nadie, ni tuvieron que transar con cierta demagogia de la que abusó el rock latino. En eso me saco el sombrero. Y está ese buen disco, el que más me gusta de la banda: “Rantifusa”.

- Antes de hablar de ese disco, gracias por aclararme esa confusión… Pensé que te incomodaba que fueran populares.
- No, todo lo contrario.
- ¿Y aquella burla del “rock club”?
- Entendés todo mal… El hecho de que ellos hayan conseguido la popularidad que tienen, que se debe cien por ciento a sus canciones y a ese animal de escenario en que se convirtió Peluffo, termina por destruir esa idea bizarra del “rock club”. La imagen que temíamos era que se volvieran “eternos decadentes”. Pero, de alguna manera, se salvaron. Y a nadie en su sano juicio se le ocurre que vuelvan Los Estómagos.
- Hace algunos años se barajó esa idea…
- Siempre va a estar dando vueltas, pero nunca se concretará. Es muy sencillo de entender. Los cuatro originales -Parodi, el Hueso, Peluffo y el Cabeza- se mueren de ganas de volver a tocar juntos. Pero intuyen que sería patético. Si algo quedó claro en estos veinticinco años es que Los Estómagos no pueden regresar… por respeto a la adolescencia, por respeto a Pando.
- Nunca lo pudiste superar… siempre tenés ese problema.
- ¿Cuál problema?
- El poder disfrutar de Buitres, sin culpabilizarte por traicionar a Los Estómagos.
- Diste en el centro del problema. Lo acepto. Pero creo que ellos tampoco lo han podido superar. Me parece que Parodi sigue titubeando y que Peluffo debería concentrarse en el cancionero más emocional, más romántico. Me da la impresión que Pepe Rambao es el que más ha buscado y encontrado una identidad buitre, pero que ahora se cansó un poco. Me refiero a cuando metió esas letras bukowskianas, esa impronta rock de carretera… Siempre insiste que son la banda de Costa Azul. Y no le falta razón. Es interesante entender a Buitres como un grupo de balneario, en plan amigos, de noche y diversión, lo que es muy distinto a ser la pandilla punk adolescente salida de una ciudad industrial en decadencia, como fueron Los Estómagos.
- ¿Cuál es el disco que más te gusta?
- Ya lo dije: “Rantifusa”.
- No te creo.
- Lo que me gusta de ese disco es que se animan a ir por caminos diferentes, en el sonido y en la composición. Es el más de carretera, de rock guitarrero y con Peluffo animándose a cantar en tonos más graves. Tiene un par de canciones que me gustan mucho. Una de ellas es “Retador”.
- Creí que ibas a elegir “Deliciosas criaturas perfumadas”.
- Es otra buena opción, pero es muy parecido al cuarto disco de Los Estómagos.
- A mí me gusta “Maraviya”, pero el problema que siento que tienen esos primeros discos de Buitres es que son irregulares, con altibajos.
- ¡Danger!
- ¿Por qué? ¿Dije algo inapropiado?
- Es que no puedo evitar pensar en Los Estómagos cuando dijiste eso de los altibajos. El gran disco es “Tango que me hiciste mal”, el primero de todos, el único que funciona por entero, una obra genial, tan precaria como perfecta. Los demás son discos en los que siempre sobran dos o tres canciones, porque todos son de alguna forma bipolares, titubeantes… Fijate que en “Rantifusa”, que es el que más me gusta, antes de “Retador” ponen “El cuidacoches”, una canción al pedo que rompe todo el clima del disco. ¡Así es imposible que te guste un disco entero!
- …
- Debe ser por eso que se especializaron en recopilatorios.
- Eso que decís me deja más tranquila.
- ¿Por qué?
- Porque la verdad es que el disco de Buitres que más me gustó es “El amor te ha hecho idiota”… que es una selección de los tres primeros discos, con versiones grabadas de nuevo en Buenos Aires, en Del Cielito.
- Quiero escribir algo más.
- Dale.

// Después de veinticinco años, después de haber visto tantas cosas, después de tantas vueltas de la historia, no es fácil encontrar la palabra justa. Sigo rascando en los bordes, esperando por nuevas aventuras y sorpresas musicales. Las habrá. De eso estoy seguro. Pero siempre está bueno volver a escuchar esas canciones que nos sabemos de memoria, que son parte de nuestra piel… para mañana seguir buscando a la banda nueva que nos romperá la cabeza. Hoy toca Buitres… “El amor te ha hecho idiota” vuelve a dar vueltas en la compactera. Me siento idiota por seguir llevando esa relación de amor-odio con Buitres. Porque esas canciones suenan bien adentro. Puta madre. El tiempo es hoy. O mejor dicho, el tiempo está después, como dijo Cabrera. Y tengo la sensación de que estábamos más viejos en los años noventa que ahora…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>