Gabriel Peluffo sobre su primer disco solista: “me da un aire que nunca tuve”

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El cantante de Buitres está presentando su primer disco como solista, “De barro y asfalto”. Gabriel Peluffo decidió lanzarse en solitario con un álbum de tangos y milongas. Cumple así con un sueño pendiente y siente que lo hizo con buena nota. En un coqueto café de la Ciudad Vieja, conversamos sobre este disco marcado por la presencia de los guitarristas de Edmundo Rivero y que estará presentando el 10 de diciembre en la Sala Hugo Balzo del Auditorio Nacional del SODRE.

 Por Miguel Acosta

¿Cómo fue que se dieron las circunstancias para que sacara su primer disco solista cantando tangos y milongas?

Fue un deseo que se hizo realidad. Un deseo íntimo, una idea de que algún día iba a cantar tangos. Una promesa que me había hecho a mi mismo pero que, a la vez, la había revelado en público. Yo tengo una cultura tanguera, porque es la música que se escuchaba en mi casa cuando niño y que aprendí a disfrutar y la entendí. Por supuesto que la odié en determinado momento, como pasa siempre. Pero fue lo que hubo en mi casa durante gran parte de mi vida. Después, de grande, ya por opción, decidí escuchar a Carlos Gardel, descubrí a Edmundo Rivero y cuando descubrí a Edmundo pensé que en algún momento yo podía llegar a cantar tango. Después que cumplí cuarenta años me empezó a picar el bicho de que en algún momento iba a cantar tangos.

En este caso, se dieron dos circunstancias que fueron fortuitas. Gracias al dueño del estudio de grabación Del Abasto, Álvaro Villagra, conocí a los hermanos Cordone. Ellos viven en una localidad que es cerca de ahí, cerca de Luján. Ellos tocaron durante unos ocho años con Edmundo Rivero. ¡Conocer a dos guitarristas que estuvieron con Rivero fue algo fantástico! Y ni bien los conocí me puse a cantar con ellos en la cocina del estudio. Álvaro nos vio y me dijo: “te regalo el disco”, que terminó siendo este álbum.

Cuando se dio el primer viaje para conocer a los hermanos Cordone, me llaman para participar en el proyecto de “Tango&Rock&Roll”. Prácticamente, en los dos últimos años me pasé en estudios y escenarios cantando tangos. Por lo tanto, fue una cosa que era buscada pero que se terminó dando sola.

En su caso no se puede decir que el tango le llegó con el paso del tiempo, sino que desde hace años que viene coqueteando con el género, ¿no?

A mi me había llegado hace tiempo. Ya con el “Hueso” Hernández en la época de Los Estómagos… Yo que sé, ya en los ensayos escuchábamos a Gardel. O en la camioneta del “Gordo” Parodi, en la camioneta (la “croquetita”, como le decíamos nosotros a su camioneta Daihatsu chiquitita), si íbamos al ensayo desde Costa Azul a Pando, escuchábamos a Gardel en las horas pares de radio Clarín. Al “Pepe” Rambao también le gusta mucho el tango. Entonces el tango siempre fue algo natural, no fue algo forzado. Entonces, me parece, que lo que yo hago con el tango, como lo interpreto, me parece algo muy natural. No lo siento como algo forzado o que esté haciendo una caricatura del género o un homenaje o tributo al tango.

¿Cómo se dio el armado del listado de tangos que integra este disco?

El criterio puede ser un poco objetable. Es un repertorio caprichoso, que está vinculado, más que nada, a mi vida, a lo que a mi me gusta, que tiene que ver con Edmundo Rivero, pero que también va por otro lado, que es el de buscar mi propia voz. Quise poner tangos que tuvieran que ver con la orquesta de Aníbal Troilo, con la interpretación de la “Tana” Rinaldi, con Floreal Ruíz, con las letras de Homero Manzi… En realidad, no hay un criterio histórico. La coherencia va por el lado del sonido, de la interpretación de las guitarras y de la voz. Me parece que va por ese lado.

Hay poesía del lunfardo, con el tango “Ninguna”, de Manzi… Lo que fui a buscar es lo que a mi me parecía bueno. De todas maneras, cuando buscaba repertorio me encontré con “Tabaco”, que el día que lo descubrí me encantó y la quise poner en el disco. Fue lo único realmente nuevo para mi que grabé. El resto de las letras de las canciones ya me las sabía o tenía una palabra cambiada. Me sabía las letras de manera natural. De todas maneras, son pocos los tangos conocidos que están en el disco.

Digamos que las más conocidas son “La última curda”, “Sur” y “Ninguna”

Sí… y del repertorio de Gardel está “Malevaje”, que era conocida en su momento.

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¿Por qué decidió comenzar el disco con “Trenzas”, un tango de Homero Espósito?

Me impresionó la interpretación que hizo de ese tango Edmundo Rivero. Me la propusieron los hermanos Cordone, me explicaron la historia de la canción (que era con la que calentaban la voz y las manos antes de subir al escenario) y realmente es un tango hermoso. A ese tango no le había prestado tanta atención como ahora. Además, fue el primero que logré grabar bien en el estudio. Tan contento quedé que fue con el que decidí abrir el disco.

¿Qué fue lo que le prestó atención ahora que no lo había hecho antes?

Me pasó cuando fui a cantar con la Filarmónica el tango “Por una cabeza”. Yo pensaba que lo tenía recontra junado desde todo punto de vista. No sólo me costó un montón cantarlo, sino que me di cuenta que era tremenda letra. A veces, uno tiene que comprometerse con la obra que tiene enfrente. Con un cuento, con un libro, con un autor, con una canción, con un artista… Tenés que redundar, “llover” sobre un artista, porque si la tierra está muy seca, el agua no pasa… Y a mi me pasó eso mismo con “Trenzas”. Me parece que le descubrí una parte poética a la letra que no le había captado. Y el arreglo que tienen hecho los hermanos Cordone…

Es jugar sobre seguro.

¡Claro! Los tipos estuvieron ahí. Son los que lo tocaban. ¿Qué más se puede pedir?

En el caso de “Malevaje”, segundo tema del disco: ¿Qué fue lo que le encontró de nuevo? ¿Qué hizo que lo incluyera en el álbum?

“Malevaje” fue una propuesta mía porque Julio Cobelli me la sugirió. La probamos y me sorprendí de lo cómoda que me quedaba. Siempre me había gustado pero ahí me sorprendí de la memoria histórica que tenía, me sorprendí de lo natural que la cantaba. La letra no la tuve que cantar, la tuve que ordenar, porque cantaba una estrofa en el lugar que iba otra. Pero era algo que yo ya sabía. No era una canción que la cantara todos los días y sin embargo la sabía.

Recuerdo que en una ocasión, tiempo atrás, Guillermo Peluffo y usted hablaron de que conocían un montón de canciones (por ejemplo, temas de Nino Bravo), porque las escuchaban en el programa de radio “Aquí está su disco” y de buscar discos en la feria. ¿Le pasó algo similar con el tango?

Sí, sí… A mi me sorprendió mucho lo que me pasó con “Malevaje”. Fue empezar a tocar, ver cuál es el tono y cantarla… No tuve que leer el tema para cantarlo.

“Lo llamaban Serafín” es más una milonga…

No es estrictamente una milonga. Tengo que ver bien cuál es el estilo. Lo que tiene “… Serafín” es lo grandioso del arreglo y la poesía lunfarda. Además, los Cordone me propusieron hacerla de corrido. O sea, está cantada una estrofa atrás de la otra y en el recitado me despegué de Rivero. Tuve que hacer un recitado original porque si no era muy igual a lo de Rivero y no quería hacerlo así. Lo que tiene de bueno “… Serafín” es que es muy parecido a “As de cartón”, en donde un tipo se la va de guapo y un día viene alguien de afuera y lo mata a piñas, lo surte… ¡está fenómeno! La canción está cantada de manera muy descriptiva, pero se nota que el que está cantando está disfrutando que lo hayan “amasado”.

A “Lo llamaban Serafín” lo sigue “Ninguna”, un tango de Homero Manzi muy popular.

“Ninguna” ya es poesía mayor. Poesía hecho tango, hecha melodía. Es poesía mayor.

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Ahí llega “Romance de barrio”.

“Romance de barrio” es hermosa. Siempre me cautivó la versión de Floreal Ruiz con Aníbal Troilo. Siempre me pareció maravilloso. Fue el primer tema que tocamos junto a los hermanos Cordone y a ellos les encantó. Me dijeron “¿Conocés algún vals?” y enseguida les dije este tango. Enseguida lo tocaron, lo canté y enseguida dije: “esta es un golazo”.

En todo este disco las guitarras están muy presentes. Es mi voz la que está, pero las guitarras… Hay un aire en ese disco que creo que es un aire que nunca tuve. Me parece que el clima del disco es muy íntimo. Yo lo que quiero expresar es algo íntimo. Me parece que está ahí y no es un intimismo melancólico. Es un intimismo que está bueno. Y eso se transmite con las guitarras. La decisión estratégica era que mi primer disco fuera con guitarras y me parece que fue muy acertado.

Sigamos con el repaso de los tangos de este disco. Luego de “Romance de barrio” está “En la vía”.

Es un tango viejo y realmente no sé por qué es otra de esas canciones que uno sabía sin conocerlo. Me lo sé desde hace años sin darme cuenta que la sabía.

Este tango tiene una versión de Ricardo Iorio, ¿no?

Es con los hermanos Cordone y esa versión me la mostró Villagra para mostrarme quienes eran ellos. Lo curioso es que me puso esa versión y yo me puse a cantar arriba de Iorio. No podían creer que conocía ese tango. Son esos tangos que conocés de principio a fin y que yo no sabía que me lo sabía todo de un tirón. No es un tango fácil pero quedó muy bueno.

Después aparece otro clásico como lo es “Sur”. ¿Es difícil salir de lo trillado al momento de interpretar un tango tan conocido?

Ahí me parece que logré algo diferente… Traté de poner mi voz de otra manera, salir de los clichés de las versiones que conocía de este tango. Y bueno, tiene un secretito en la cuestión de algunas mixturas interpretativas que yo tengo y conozco. Me parece que no es un “Sur” para gente que conozca “Sur”. Es un “Sur” para quien no lo conoce.

¿En qué sentido?

Y… me metí en un lugar que es difícil. Me compliqué sólo. Me metí con un tango que tiene grandes versiones. Me metí con un clásico. Una cosa es “Romance de barrio”, que no lo conoce todo el mundo pero “Sur“ es tremendamente conocido.

¿Sintió miedo al meterse con uno de estos clásicos? Miedo en el sentido de dar un paso en falso.

Es que podía haber seguido probando cosas. Había más milongas para meter. Hasta meter una versión de “Cambalache”, que también la estuvimos probando. Lo podía haber hecho y nadie me podía decir nada. ¿Quién me iba a decir algo? Nadie. Yo me senté mucho a escuchar las versiones que habían quedado de los tangos más conocidos: “Sur”, “Ninguna” y “La última curda”. La hice escuchar a mi padre, a mi hermano, a mucha otra gente que me pudiera decir en qué le estaba errando. Y a mi me parecen que las tres están muy bien. No me puedo poner a competir con determinadas interpretaciones. Además, eran los arreglos de los hermanos Cordone. No es lo mismo tocar con Julio Cobelli. Son muy parecidos, pero también muy distintos.

¿Cómo fue la historia con el tango “Tabaco”?

Fue uno de los tangos nuevos que conocí. Fue gracias a Martín Pugin, de La Mufa, que me dijo que había hecho una versión. Luego, buscando tangos en lo de mi viejo, encontré “Tabaco” en una versión, lo escuché y me encantó. Era una versión de Francisco Fiorentino. Pero era con orquesta. Se lo dije a los hermanos y cuando llegué a Buenos Aires ellos me habían realizado unos arreglos especiales para mi. En “Tabaco” soy totalmente yo; no tengo referencia ninguna. Y es un gran logro como cantante. Me parece que está bueno.

Y luego de “Tabaco” llegamos al tango “Packard” 

Es una poesía lunfarda con un recitado exquisito de Edmundo Rivero. Todos me decían que tenía que poner esta versión y quedó “Packard”.

Casi al cierre del disco aparece “Atenti pebeta”

Me encanta “… pebeta”, siempre me gustó. Aparte, me parece tan buena onda la canción. No cae nunca en el anacronismo, porque siempre hay un personaje desfasado. Yo se lo digo a mi hija: “Atenti pebeta”

Ahora bien: ¿cómo se compagina el lanzamiento de este disco con sus otras actividades artísticas?

Estoy desarrollado varias cosas artísticamente al mismo tiempo. Estoy contento. Ahora sí, lo que tengo que hacer es lo que estoy haciendo ahora, salir a defenderlo. Mi idea no es dejarlo en un estante sino salir a tocar.

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