Campo presenta “Tambor del Cosmos” mientras busca el sonido del “indie pop”

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Campo publicó el disco “Tambor del Cosmos” en el que buscan encontrar un sonido pop, con contenido, en canciones de tres minutos. El disco tiene ritmos que van del reggaetón a la electrónica, pasando por el candombe, la murga y la cumbia. Antes de su presentación en el Teatro El Galpón el 22 de junio, Yamp! conversó con parte del nucleo principal de Campo: Juan Campodónico, Martín Rivero y Pablo Bonilla. 

 Por Miguel Acosta:

 ¿Recuerdan el momento en el que dijeron “vamos a hacer un nuevo disco”?

Juan Campodónico: Me acuerdo que hicimos “Nocturno”, que fue la música que compusimos para el Ballet del SODRE y fue una experiencia super interesante, después hicimos un concierto en el Auditorio del SODRE y cuando terminamos eso dijimos: “bueno, ya es hora de ponernos a hacer un disco nuevo” (risas). Ya hicimos remixes, banda sonora, hay que hacer un disco nuevo…
Martín Rivero: Ese fue un proceso de composición de música que era tan clásica, para escena, para ballet, por lo que nos dijimos que era bueno hacer un disco de canciones, de tres o cuatro minutos, pop… Ese fue el comienzo.
JC: Aparte, en ese momento, Martín estaba viviendo en China. Entonces, en ese momento empezamos a pensar en la composición, yendo y viniendo constantemente a China por e-mail. Una de las cosas que más nos resonó, en un principio, fue que nosotros trabajábamos en la mañana acá, con todo el entusiasmo y Martín estaba allá con ganas de irse a dormir porque eran las 12 de la noche. Ya eso fue un punto de partida que le dio un claroscuro al disco. También fue para nosotros muy inspirador hacer un disco con nosotros desde acá, desde Uruguay y Martín en el otro lado del mundo, en China, con una mirada bien distinta.
MR: Sin ir más lejos, la canción “Bailar quieto”es una canción que surgió así. Ellos me mandaron esa base de “cumbia-reggaeton-bailable y no se qué” y yo me estaba por acostar. Era la una de la mañana y lo empecé a cantar y escribir la letra acostado. Y era eso ¡yo quería bailar quieto!
Pablo Bonilla: Aparte, estaba bueno el “aproach” de él, de verlo desde otro lado. Nosotros estábamos acá, componiendo esa base y se lo pasábamos a él, que estaba en la otra punta del globo y como, fuera del contexto, le inspiraba a escribir eso.

Este disco tiene un sonido internacional pero que no deja de perder lo local: hay baterías de murga, claves de candombe. ¿Es algo buscado?
JC: Tratamos de que nuestro trabajo sea contemporáneo, buscar lo que está sonando en el mundo, esa cosa más global, pero sin perder la identidad. Cosas que para vos son más históricas o que tiene más sentido. Hay un tema que se llama “Wasted”, que arranca con un sampling de “No puedo llorar”, de Jaime Roos, que es la guitarra al “estilo Jaime Roos” y después entran unos teclados y se pone súper neo soul y termina medio electrónico. En ese tema invitamos a cantar a Lucía Torrón, que es una voz súper joven. Es un tema que tiene muchas capas y también muchas sugerencias, pero también tiene serias marcas de identidad, muy propias y muy uruguayas. Inclusive “Bailar quieto”, que podés verlo como un reggaetón, es una mezcla con cumbia y sertanejo que sólo la podés ver acá, en Uruguay. También buscamos que no sea una letra machista, que sean órdenes para que bailen las mujeres, como la mayoría de las letras del reggaetón.
MR: Sí, en “Bailar quieto” fue como la investigación sobre la contradicción y explorar esa parte de la letra. El oxímoron, buscarle la vuelta a una metáfora, en la poesía. Si ponés sólo la letra, no es un reggaetón. Si le sumás la música, es un “weird reggaetón del futuro”.
PB: Y validar la interpretación que le da cada uno. Yo bailo así, ésta es mi manera y no tengo que andar moviendo el bum ni tiene que ser una letra que hable de la infidelidad y que te estás enamorando.
JC: ¡Y bailar quieto es muy uruguayo! ¡Acá se usa mucho!
MR: Hay un bailar acodado a la barra…
PB: Bailar con el buzo sobre los hombros, en el cuellito…
MR: Esa letra es como la aceptación de la diversidad y que cada uno haga lo que quiera, que no tenés que bailar perfecto y que podés bailar tranqui, en la que vos estés, que nadie te va a juzgar. Tiene un poco de eso.
JC: También es un poco meterse con cierta “intelligentsia” que siempre está criticando el reggaetón. Nos dijimos: “ah, bueno, vamos a meternos con eso” y hacer algo distinto y que lo podamos traer a nuestro mundo.

Ustedes han dicho que buscan hacer un “indie pop” uruguayo… ¿Por qué decidieron catalogarlo como “Indie” y no solamente “pop” uruguayo?
MR: Y… lo que pasa es que ser “pop” es ser Ricky Martin…
JC: Pueden ser muchas cosas,
MR: El “pop” está muy bastardeado. Y el “indie pop” tiene algo más de canción de autor.
JC: Da más artístico y menos estratégico. Nosotros, en las canciones, estamos pensando siempre en qué es lo que está diciendo. No en una estrategia de cómo hacemos que esto le guste a cada vez más gente. No pasa por ahí. Pasa en ver cómo hacemos para que diga algo interesante. Que sea una pieza que aporte, que sea una pieza artística y que tenga un valor para nosotros. Seremos unos bichos raros, pero nos gusta encontrarle más el sentido y ver las cosas desde un lado más artístico. Algunas veces, el “pop” está lleno de estrategias: cómo hago esto para gustarle a más gente. “Tambor del cosmos” es un disco que va a contracorriente. Tiene un montón de cosas que lo hacen más complejo…
MR: Perdón que interrumpa, pero quizás por eso fue que le pusimos “Tambor del cosmos”, para no ponerle un nombre tan “pop”. Porque “Tambor del cosmos” ya es un nombre un poco psicodélico. No te estoy diciendo “Amor a las 4 A.M.”
PB: O el “Tambor que toco románticamente” (risas)
JC: No es una “bachiata”
MR: Entonces, “indie pop” tiene que ver un poco con la cualidad de la música, con la capacidad de generar conexiones con la letra y lleves y uses la música para distintos momentos…
JC: Y que te conectes con algo más profundo. Que para cada quién será algo distinto. Quizás, para un grupo de chicos esta música sea como algo de un club, para otros será que te lleve a algún lugar particular de tu vida…. La música debe ser una experiencia profunda y no algo de use y tire. Para nosotros, tiene sentido que la música se quede a vivir con vos. Capaz que la música de Campo tiene diferentes capas y a la primera escucha escuchás ciertas cosas y después lo volvés a escuchar y le encontrás otro sentido. Tampoco es que sea gran cosa: es un disco de canciones de 3-4 minutos, pero dentro de ese panorama “pop” busca tener algo de sentido. Hay que dejarles el lugar a las canciones para que cobren su importancia.
MR: Es profundo desde el punto de vista sónico, sonoro e instrumental. Porque la guitarra puede sonar a otra cosa, que tenga reminiscencias de cosas que ya escuchaste. Una cosa muy climática, por momentos. Y de repente, la guitarra da paso a un riff de piano para hacer una cosa más bailable. Y la canción venía de un lugar y terminó en otro. Te van llevando por distintos paisajes sonoros.

¿Cómo se fue armando el puzzle de canciones que conforma “Tambor del Cosmos”? ¿Cómo se fue dando la participación de los diferentes invitados?
JC: La canción que da nombre al disco tiene como invitado a Gustavo Santaolalla. Por algo le pusimos al disco ese nombre…
MR: Es que nos dimos cuenta que esa canción era más trascendental que cualquier otro tema. Tenía una versión grabada con la voz de Juan, otra con mi voz, otra mezclada con la voz de todos… Y nos dimos cuenta que por el caracter que tenía, que podía tomar una forma de himno o de algo más épico si invitábamos a Gustavo, que es una persona que la puede cantar desde otro lugar. Él mismo es una especie de “Tambor del Cosmos”, él es como un link musical…
JC: ¡Y que viene resonando desde hace tiempo! (risas)
MR: Y no cualquiera resuena desde tanto tiempo.
JC: Él viene resonando desde la era del rock psicodélico…

Es que ese tema tiene muchas reminiscencias de Arcoiris, la banda con la que comenzó a hacerse conocido Santaolalla.
JC: Totalmente. Es que nos dimos cuenta después de que estaba hecha. Hay varias canciones de Arcoiris que hablan del cosmos… Es una temática que enganchó perfecta
MR: Es que nosotros nos decíamos que no quedaba bien cantada por cualquiera de nosotros.
JC: Y cuando él la cantó y escuchamos la versión hecha por él, como que adquirió otra capa más la canción… Y nos emocionó mucho. Y estuvo bueno que llegara a darse eso con este tema… ¡es como que quedó muy “indie pop”! (risas).
PB: Volviendo al tema de los colaboradores, hay gente que participó y que habitualmente colabora con Campo. Roberto Rodino (en batería), Gabriel Casacuberta (que tocó bajo, contrabajo, marimba), Tatita Márquez, Luciano Supervielle (que tocó todo tipo de teclados)
JC: Campo tiene un núcleo creativo, pero se puede expresar en diversos formatos. No es la típica banda, en donde yo siempre toco el bajo y vos la guitarra. Los arreglos los armamos de acuerdo a lo que necesite ese tema. Hay canciones en las que decidimos que no los tenemos que cantar nosotros, que los canta Gustavo Santaolalla o Lucía Torrón. Luciano Supervielle toca desde el primer disco de Campo, Roberto Rodino forma parte de Campo desde otro “aproach”…
MR: Es muy virtuoso Campo, porque es un proyecto en el que podemos contar con otras personas, que están copadas de colaborar con nosotros. Se sienten cómodos de participar y hacen que la música sea cada vez más sublime.
JC: Es que teníamos un vals y queríamos violines, por lo que los arreglos los hicimos con Javier Casalla, compañero de Bajofondo y que es un violinista y arreglador increíble. Lo mismo pasó con Luciano Supervielle: se instaló en el estudio y se trajo todos los teclados posibles. Él se siente parte de este proyecto, es parte de este proyecto, pero sin sentirse en la obligación de darle bola permanente a esto. La flexibilidad de este proyecto es lo que lo hace interesante. Una vez hacemos la música del ballet, ahora hacemos un disco de formato más cancionístico pero mañana podemos hacer lo que queramos. Es muy abierto y nos permite ir para cualquier lado.

¿Y cómo se lleva todo esto a la presentación en el Teatro El Galpón este 22 de junio?
MR: ¿Y quién dijo que nos vamos a presentar en vivo? (Risas)
JC: En El Galpón vamos a presentar unos cuadros que pintó Martín (Risas) Hablando en serio: está buenísimo presentar esta música en vivo. La grabación es un universo y el en vivo es otro, que para nosotros no tienen nada que ver. Entonces hay que traducir todo lo que hay en el disco para que se pueda tocar en vivo. En el estudio podés hacer muchas cosas, poner muchos ruiditos, es como un puzzle pero en el escenario somos cinco o seis personas tocando de manera rústica. Suena distinta la música en vivo, con otra puesta en escena.

Y en un lugar como el Teatro El Galpón, con las butacas, sí se puede decir que la gente va a “Bailar quieto”.
PB: Igual siempre terminan bailando, parados, sea en el Sodre o en una discoteca. Siempre nos pasa lo mismo.
MR: Las últimas cuatro canciones siempre nos pasa lo mismo.
PB: Sí, la experiencia del SODRE estuvo buenísima, viendo a la gente bailando hasta allá arriba. Era una cosa que estaba muy buena.

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