¡Viva el Rey! “Random” de CHARLY GARCÍA por Gabriel Peveroni

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Uno de los discos que escuché más veces en lo que va del año es el “Random” de Charly García. No me dejé llevar por el maltrato que le hicieron a “la máquina de ser feliz” en las redes anti-sociales y pude conectar con las nuevas canciones de uno de los rockeros más frikis y geniales en nuestro idioma.

Sesión 34: “Random” (CHARLY GARCÍA)

- Hacía tiempo que quería contarte algo sobre el rey.

- ¿El rey?

- Sí, el rey de Buenos Aires. Es una imagen que me quedó de la tarde que lo conocí, que nos invitó a entrar en su depto de Palermo con intención de hacerle una entrevista para una revista. Estaba flaco, flaquísimo, nos hablaba de Yoko Ono y de un triángulo espiritual que lo tenía obsesionado; tenía todo tirado en el cuarto y después de charlar una hora y media sin parar, con el rec encendido, se le ocurrió que no quería sacarse fotos, “fotos, no”, dijo, “say no more, se van, ya”, y tuvimos una discusión rápida, fuerte, áspera, hasta que transó, “solo cinco minutos, pibe”, y el Fede Rubio apenas pudo sacar tres o cuatro fotos, pero él es tan genial como fotógrafo que todas fueron excelentes y una de ellas la tengo ampliada y encuadrada y siempre que alguien pasa de visita por casa me pregunta quién la sacó, empiezo a contar de esa noche que Fede me puteó sin parar durante dos horas, pateando Buenos Aires, con la entrevista hecha y apenas cinco minutos de fotos apuradas, parece ser que me había ido al carajo, escuchando al rey, conversando con el rey, abusando de la confianza de cuarenta minutos que nos dieron y que.

- Igual no entiendo lo del rey.

- Fue la imagen que me quedó. Un rey en decadencia. Un rey say no more. El tipo más amado de la ciudad, ahí, hecho mierda, distorsionando. Esto que te cuento fue poco tiempo después de que se tirara del noveno piso de un hotel a la piscina y que Andrés entrara a un Tower Records con un bate de béisbol a romper discos del rey. Habían pasado otras cosas antes… Muchas. Y pasaron otras tantas después. Y perdí la cuenta de los shows que vi de él. El primero de mi vida, en el Franzini, una tarde jipi de adiós Sui Generis, un poco de Serú Girán y esas nuevas canciones que se llamaban “Yendo de la cama al living” y “Yo no quiero volverme tan loco”. Y tantos más.

- Creí que ibas a contarme de su último disco: “Random”, el de “La máquina de ser feliz”.

- Es que no sabía cómo empezar y se me ocurrió toda esta historia del rey. Es tan difícil hablar sobre Charly García y no vincularlo a recuerdos, a episodios personales de todo tipo. Tengo miedo de terminar escribiendo una novela que no termine jamás, que de vueltas y vueltas alrededor de sus canciones, y cómo cada una de ellas afectó o simplemente acompañó mi vida y la de unos cuantos que conozco (casi todos, diría; amigos y enemigos). Su importancia en mi vida musical es también casi decisiva. Soy fan. Y pasa que lo había olvidado en estos últimos años, y justo este verano me pasé escuchando “La hija de la lágrima”.

- Muchos dicen que es su mejor disco. ¿Vos también?

- Es posible. Pero elaboré una teoría en decenas de viajes entre Montevideo y Atlántida, el tiempo más o menos exacto de “La hija de la lágrima” cuando no es hora pico. Y esa teoría tiene que ver con el tiempo sobrante, con momentos instrumentales que se deberían haber descartado y que no aportan nada al disco. Pero nada de nada. Y es todo lo que al mismo tiempo le da el concepto de “ópera ruidosa demenciada”. Es curioso, porque en los noventa amamos esa estructura deforme del disco, y ahora, veinte años después, perdió el sentido, queda incluso ingenua, como si fueran capas innecesarias, que no dicen nada y que suenan cursis. Y si le sacás esos sobrantes, y escuchás solo las canciones, es probable que sea el mejor disco de García, uno de sus mejores momentos, en un viaje más crooner, más melódico, más Sandro, con uan voz reventada.

- Hay otra gente que dice que el mejor es “Clics Modernos”.

- En todo caso, de esa época, me gusta más “Piano bar”, con el sonido más latoso de los GIT acompañando en las bases. El sonido de “Cerca de la revolución”. Lo de “Clics Modernos”, no sé, pero lo mejor es que…

- Sí, me interesa saber qué te pasó con “Random”.

- El tema es que venía escuchándolo en Spotify, pero como no pago, ni pienso pagar, la experiencia se vuelve cada vez menos gratificante, y mierda que se extraña Grooveshark, pero ese también es otro tema. Malditos sistemas digitales. Es imposible acercarse al concepto de obra con el streaming. Las canciones quedan sueltas, desprendidas, descuartizadas. No hay disco. Y en este caso, seguramente, eso es grave. “Random” queda pulverizado, hecho trizas, si se lo escucha en Spotify. Probé otros días con Youtube. La cosa mejoró, pero igual, no es lo mismo, y como no tenía ganas de buscarlo y descargarlo, porque además ya no es tan fácil que haya gente subiendo discos en buena calidad en blogs y todo eso. Y bue, el streaming mata todo. Pero me pasó lo que no esperaba. Entré a una disquería y lo vi y no dudé. Me compré el vinilo de Charly y llegué a mi casa con esa misma euforia que tenía de adolescente, cuando lograba comprarme un disco nuevo que venía vigilando en visitas anteriores a la disquería. Ahora, debo admitir, que me fue más fácil. La vida de adulto tiene esas satisfacciones, como la de tener el dinero suficiente para comprar un disco y sin los sufrimientos de los años ochenta, cuando no había un puto peso y llegué a comprar los discos sin las portadas (parece mentira, pero llegó a existir esa promoción tercermundista extrema, que me dejó sin los cartones ni las letras de “Piano Bar” y “Clics Modernos”, dos de los grandes discos de Charly, cuando se le decía Charly, porque después en los años 90 se le decía a García, y esos temas de nomenclatura que no parecen tan importantes, lo son, definen hasta la propia escucha). Estaba en que compré el disco nuevo, el “Random”, y cuando lo puse en la bandeja, operó la magia, el viaje, la teletransportación (existía, viejo hijo de mil putas tenía razón, claro que existía), no tuve que meterme ninguna droga para sentir el dejavu de los discos de antes, porque “Random” es un disco de antes, y eso solo es percibible en el vinilo, con eso de los surcos, de darlo vuelta, de lado a, lado b, todo lo que me estaba saqueando sobre el arte de Charly la maldita contemporaneidad de Spotify y Youtube. Ahí entendí que definitivamente “Random” es un disco de Charly, tipo de finales de los ochenta, y vendría a estar situado, temporalmente, después de “Como conseguir chicas”, o sea un rato antes de “Filosofía barata y zapatos de goma”, que ya es en formato cedé, ya más extenso, y ni que decir que “La hija de la lágrima” y “Say no more”, las glorias de los 90, los discos grunge caóticos demenciales son cedés, en el éxtasis del cedé, cuando había que meter 70 minutos de música y ruiditos, no fuera cosa que la gente dijera que los músicos robaban la plata. Ese tiempo fue el primer aviso de lo que se venía, la sobredosis de información. Y después, no sé mucho que vino después, pero como que la obra de García se me desvanece en discos que no recuerdo, que ni sIquiera escuché mucho, y paso a contarte OTRA VEZ lo que me pasó en este último verano. Totalmente convencido, ignorante de lo que pasaba realmente en el mundo, de que García no volvería a grabar nada nuevo y que las nuevas generaciones ya no le daban pelota y ni siquiera tienen la experiencia de sumergirse en aquellas viejas obras, decidí enamorarme nuevamente de “La hija de la lágrima”. Lo escuché muchas veces. Sentí la tentación de recortarlo, de sacarle lo que sobra, la porquería, los pianitos chopin, los rockitos al pedo, lo intrascendente. Seguro que después de una limpieza y transformado en disco de vinilo, con treinta minutos menos, sería el mejor disco del rey, pero no lo intervine, lo dejé así, imperfecto, desalineado, excesivo, tóxico, como es, por definición, ese disco alucinante. Entonces, después vino esto de que salía disco nuevo de Charly García, y escuché esa canción descuartizada, así, solita, desnuda, la de “la máquina de ser feliz”, y salieron todos los putos idiotas a criticar la canción y al viejo Charly García, a reirse de su voz hecha mierda, de sus neuronas hechas mierda, y me hartaron, me hartaron mismo. Debo admitir que la experiencia de escuchar esa canción nueva no fue nada satisfactoria. Pero también algo me provocaba resistencia y un poco de curiosidad. Había algo ahí, algo deforme, la voz hecha mierda, sí, pero era una voz auténtica, la voz del rock en la tercera edad, sin vueltas, sin maquillajes, sin el heroísmo juvenil y mentiroso de los Stones. Y empecé a entender todo. Y todo terminó de cerrar cuando escuché el disco entero, cuando leí todas las letras, cuando me fui volviendo adicto a un nuevo disco de Charly, el que sigue después de “Como conseguir chicas”, con esa sensación de unidad que da el vinilo, una canción atrás de la otra, los dos lados, los silencios entre canción y canción, las canciones metidas en un disco… Y te cuento primero de la batería, porque lo primero que debe escucharse de un disco es la batería, escuchar cómo suena, y bien que Charly nos entretuvo siempre con ese asunto… La de “Yendo de la cama al living”, las de Willi Iturri sonando a lata en piano bar, las bien orgánicas de “La hija de la lágrima”, las maquinitas de ruido de “Clics modernos”… Las de “Random” no quieren llamar la atención, pero son secas, y eso está bien, porque permiten que la melodía se luzca más, y dejan sonar esa máquina de ser feliz y verifico que la bandeja esté en 33, porque es rara esa voz, por dios, no logro acostumbrarme, parece acelerado… “Hay tanta gente sola” es el primer verso que no se me despega. Y voy reconociendo cada ruido de los tecladitos, de cada instrumento, y me entero que él tocó todo, absolutamente todos los instrumentos, algo que lo emparienta con el disco que se mandó hace un par de años Riki Musso, el “Formidable”, y hay algo más que ambos tienen en común, además de armar el disco ellos solos y de ser unos genios musicales, obsesivos, bastante frikis y verdaderas máquina de hacer canciones pop deformes. Ese algo en común se llama Talking Heads, new wave, esa fábrica comandada por David Byrne y que se especializó en algunos de los discos de vinilo más perfectos de los años 80… Me acuerdo ahora de cuando Charly presentó “Clics Modernos”, en el Teatro de Verano, todo vestido de blanco, todos los músicos de blanco, entre ellos estaba Fito Páez que recién había cumplido los 20, toda una puesta en escena muy inspirada en el “Stop Making Sense” de los Talking Heads… Mirá hasta dónde fue la memoria… Un recital inolvidable.

- Todo un viaje el de “Random”. Pero tengo que hacerte una corrección: No lo hizo todo tan solo, como Riki Musso. De hecho, en la ficha técnica se menciona a Fernando Samalea en batería y a un guitarrista invitado en cuatro canciones.

- Lee bien. Charly se encargó de todo. Y también se encargó de invitar a Samalea para que grabara las líneas de bata que él programó, que es lo mismo que hizo Riki con Leo Baroncini. De eso no pueden escapar los “hombre-orquesta”, porque la batería te define el disco, pero el diseño lo hizo Charly. Lo mismo con la guitarra. Y ya que estamos es importante el detalle de que “Random” está dedicado a la memoria de sus dos guitarristas históricos: el Negro García López y la inolvidable María Gabriela Epumer.

- Bueno, mejor me callo… Olvidé que el experto sos vos.

- No. Todo lo contrario. Me gustaría conocer tus apreciaciones sobre “Random”.

- ¿Estás seguro?

- Sí.

- ¿No me vas a cortar?

- Te prometo que no.

- Me dio mucha curiosidad que un músico retirado, totalmente out, chapita, como dicen vulgarmente, sacara un disco con canciones nuevas. Pensé que iba a ser un fracaso. La muestra inevitable de la decadencia. De hecho me divirtieron, no puedo negarlo, las primeras reacciones que provocó la difusión de “La máquina de ser feliz”. Pero tanta violencia, tanto bullying, me llevó a pensar que había algo ahí, que esa canción tocaba un punto sensible en toda esta gente hiper-conectada, tan dada a las opiniones fáciles, al ingenio de un tuit. No me equivoqué: la clave estaba en la propia canción, en ese toque melódico viejo, en esa fórmula pop en apariencia tan barata y pasada de moda. Y sobre todo en el final, cuando remata con el verso “hay tanta gente sola”. Sentí que el tipo daba en el punto, acertaba en una ironía mayor, que se reía de todos los tan políticamente incorrectos, que al fin y al cabo se vuelven neuróticamente correctos y prejuiciosos. Y usando su mejor arma: la canción. Y la usa en un borde extrañamente peligroso y genial: mostrando su decadencia, lo que equivale a exhibirse como un viejo rey, y aprovecho para robarte lo de rey, porque le queda muy bien ese título. Y después, cuando escuché todo el disco, siguió desconcertándome. Tal vez me cierra mejor, termino de entenderlo, con tu teoría de que es un disco de los 80. Es una vuelta rara, anacrónica pero perfecta. Y me concentré más que nada en las letras. Empecé a descubrir, una por una, grandes canciones. Primero conecté con “Ella es tan Kubrick”, después con “Primavera”, con eso de que “hoy estoy más joven que ayer” y putea a la gramática de vegetal de los que viven idiotizados por un celular de última generación. Una de las que me partió la cabeza es “Otro”, que culmina la idea de que nunca podrán cambiarlo, que no puede ser otro. ¡Es un letrista impresionante! ¿Siempre fue así? Pará, no me contestes. Me imagino que sí. Me imagino que Charly García es un poeta que sabe siempre donde duele. Seguí escuchando ese disco, sin decir nada, cada vez que lo ponías y lo dabas vuelta, lado a, lado b, lado a, lado b, una y otra vez. No te pedí de escuchar discos anteriores, su historia. Seguí metiéndome en estas canciones, capa por capa, y me contagió su habilidad melódica, su toque de piano, sus teclados. Es un gran disco. No tengo más para decir. Es un disco fuera de época, extemporáneo…

- Me alegra que hayas podido conectar con Charly García. Pero no me extraña: siempre escribió para los jóvenes. Y si te fijás bien, es lo que pasa en este disco, a pesar de las apariencias, a pesar de la superficie. De hecho, los que lo han puetado más son los viejos, los que dicen que lo conocen bien. A mí, más bien, me parece que están envejeciendo mal y están envenenados.

- Shhhhh. No sigas. No vale la pena. Prefiero que me contestes un par de preguntas, y así sacarme un par de dudas.

- Dale. Buena idea.

- En privado.

- ¿Y los lectores?

- Que se compren el disco y sean felices.

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