Los Estómagos se comen lo que usted deja en el plato

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El Gonchi venía de una temporada en España. Año mil novecientos ochenta y uno. Podía decirse que era un veterano de la movida, primo hermano de El Ángel, un poeta y guitarrista con aires de Lou Reed, adicto a las anfetas y al caballo. Se sentía un poco desorientado en Pocitos, barrio cheto que vivía la fiebre de la música disco y se olía en las calles la pesadilla de la dictadura militar.

No había punks en Montevideo, pero sí la noticia de un grupo de Pando que se hacía llamar The Vultures y daba un recital en la Millington Drake. Se mandó hasta el teatro de la calle San José. Los pibes hicieron bastante ruido y una versión deforme de “God Save The Queen”, de los Sex Pistols. En el camerino, sin pretenderlo, él fue la estrella, con su estampa rocker, con los pins de bandas españolas prendidos en la campera de jean, con la palabra justa de aliento por lo que habían hecho esos pibes en el escenario.

Les contó a Pablo y a Vicente –sus medio hermanos, recién adolescentes y muy curiosos- lo de los Vultures. Les dijo que era una banda que hacía punk rock, como las de los discos que él había traído de España y ellos escuchaban a escondidas con algunos amigos del colegio, entre otros El Oso y los hermanos Fernández. No tardó el Gonchi en llevar a Pablo a un ensayo de los Vultures, en Pando. Pasó lo que tenía que pasar: adivinó en la mirada de su hermano que el rock también lo llevaba adentro, que eran parte de la misma religión, que solo faltaba que el flaco se animara a vencer la timidez.

Gustavo, el de los Vultures, le comentó al Gonchi que estaban buscando un cantante para la banda, que él ya no quería cantar más y Fabián pasaba a tocar el bajo. Todo encajaba, pero Pablo no aceptó la propuesta. No se animó, o no quiso, poco importa la diferencia. Él que sí se probó y quedó en el grupo fue Gabriel, un amigo de Gustavo de los veranos en Costa Azul. Otro que también probó como cantante pero quedó en la batería, ensayando con latas de galletitas vacías, fue el Cabeza, un amigo de Fabián de Empalme Olmos. En febrero de mil novecientos ochenta y tres, el cuarteto  pos Vultures debutaba como Los Estómagos en un baile del 6º de Derecho del Brause, en el local del Centro Protección de Choferes de Pando.

Pablo y a Vicente, a instancias del Gonchi, no se perdieron el show. Allá fueron, en un Copsa, y se sumaron varios de los amigos del colegio Elbio Fernández. Entre ellos estaba Alejandro (*), el menor de los Fernández, que siempre cuenta que en ese viaje, despistados como andaban, le preguntaron a un flaco que tenía pinta de rockero dónde tenían que bajarse. Yo también voy para ahí, contestó el flaco, que no era otro que Gabriel, el cantante, como iban a descubrir un rato después cuando empezó el ruido, cuando empezó el punk en la ciudad de Pando.

Gonchi (**) fue el primer manager del grupo, diseñó el famoso afiche que decía “Los Estómagos se comen lo que usted deja en el plato” y metió a su amigo Andy a tocar la guitarra al lado de Gustavo. Pero como no se adaptaba a Montevideo, al año siguiente volvió a hacer las valijas otra vez en busca de movida. Pablo fue a visitarlo: pasó por Madrid con El Oso, unas semanas después que había pasado Gustavo. Y como el guitarrista de Los Estómagos no había podido subir al avión todos los discos que compró, Pablo hizo el servicio de correo. Eran unos veinte. Gabinete Caligari, La Banda Trapera del Río, Parálisis Permanente. Toreros After Olé. Todos de la movida siniestra. A poco de llegar de Madrid, El Oso y Orlando, el mayor de los Fernández, lograron convencer a Pablo para que cantara en el grupo que estaban armando. Querían hacer rock siniestro, como el de las discos que trajeron de Madrid y escuchaban una y otra vez. Vas a tener que cantar, le dijo El Oso. Esa vez aceptó. Le pusieron Mala Hierba y sus Parásitos, pero Pablo no quiso que lo confundieran con Mala Hierba. Pensaron un poco más y nacieron los Cadáveres Ilustres.

Foto: Gonchi y Pablo Martín

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(*) Alejandro dibujaría en 1985 la carátula del disco Tango que me hiciste mal de Los Estómagos. Años después se pondría el nombre artístico de Pedro Dalton.

(**) El Gonchi volvió a principios de los noventa. Se dice que produjo un disco de los Chicos Eléctricos y que su primo El Ángel llegó a tocar en la banda en el breve tiempo que pasó por Montevideo.

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